Reseñas
Fading Gigolo, la más reciente producción de John Turturro

Para muchos de los que nacimos en la segunda mitad del siglo veinte, el cine, tanto el arte como el espacio físico, fue el lugar de muchas experiencias que nos marcaron decisivamente. Yo fui uno más de los que crecimos en las funciones dominicales de la matiné, programas triples, para asentaderas de hierro, a los que nos llevaba nuestra hermana mayor, armados con una bolsa de palomitas, hechas en casa, y un bidón con agua de limón. Había para las entradas, pero no para las delicias que expendía la dulcería.
Años después, cuando descubrí los placeres que ofrecía el irse de “pinta”, en lugar de las aburridas de secundaria, el cine inició mi educación sentimental en los desaparecidos y ya mencionados programas triples temáticos, en esas tardes de emoción y temor, descubrí a Los Lanceros de Bengala, a Tarzán, a Jim de la Selva, las películas de guerra, de miedo, de risa y las de amor, que un tanto vergonzantemente provocaron en mí una que otra lágrima furtiva e hicieron de mí un romántico de ropero.
Ya lo he contado, he visto miles de películas, casi no hay día en la que no vea una, lo cual no me hace un experto ni mucho menos, no soy cinéfilo, soy cinero, sigo prefiriendo ir al cine que recurrir a los múltiples canales de cine que me ofrece el sistema de televisión de pago que tenemos en casa. Sí, soy un romántico, lo sé, y el cine es uno de los espacios en los cuales lo demuestro.
Hay películas que me han marcado especialmente, una de ellas es Barton Fink de 1991 de mis entrañables Hermanos Coen. En esa película descubrí a John Turturro aunque tenía ya una amplia, y valiosa, carrera anterior, misma que se inició, nada más y nada menos, con Toro Salvaje de Martin Scorsese de 1980. No sé en cuántas películas ha participado a la fecha Turturro, pero es un actor que me llama mucho la atención, es un actor de matices, colores, registros, que nunca me ha decepcionado, al contrario, que me sorprende con cada película y eso que en su lista no todas son un dechado de arte.
A la fecha Turturro ha dirigido cinco películas, creo, es mi percepción, que todavía es mejor actor que director, pero creo que no hay mejor manera para hacerse buen director que dirigiendo películas. De las cinco, la que más me ha gustado al momento, es la del año pasado, Fading Gigolo, que en México le pusieron Aprendiz de Gigolo, a la cual Turturro invitó a participar a Woody Allen, en el papel de él mismo, es decir un judío que no tiene más preocupación que el dinero a costa de lo que sea, a la todavía atractiva Sharon Stone, a la buenérrima Sofía Vergara, a la no menos guapa Vanesa Paradis y a Liev Schreiber, además de que el mismo Turturro comparte protagonismo con Allen.
Es una comedia impecablemente escrita, dirigida y actuada. No es una película que vaya romper récords de taquilla ni que vaya a proporcionar premios a Turturro en los grandes festivales, pero es una película que muestra el cada vez mayor oficio que tiene el italoestadounidense en el terreno de la actuación y constata su dominio de la actuación. La historia es muy divertida, original, pero además la resuelve muy bien en el lenguaje cinematográfico. Es una película redonda, inmaculada, en la cual no sobra ni falta nada, cuidada hasta el mínimo detalle y en la cual disfrutamos de un Allen del otro lado del mostrador, actuando, dejándose llevar, dirigir, parodiando a los judíos, es decir a sí mismo, porque la película tiene, entre otros aspectos, una divertida parodia de los judíos, sobre todo de los ortodoxos y de algunas de sus costumbres y tradiciones que para nosotros resultan absurdas.
No creo que la literatura y el cine sean los mejores medios para lanzar grandes mensajes para la humanidad, creo que ambas artes tienen finalidades diferentes a los ensayos y textos científicos, sin embargo, creo que Turturro, al igual que algunos otros cineastas y escritores lo han hecho antes, logran dejar en algunos espectadores una semilla de duda, de reflexión, de interés en algún tema específico. Es esta una buena película, no es pretenciosa, creo que Turturro conoce sus límites actuales y hasta ahí llega, pero llega muy bien y nos hace pensar en que ya está listo para empresas más dificultosas en materia de dirección de cine.
Es una buena película, bien escrita, bien dirigida, bien ambientada, con un Turturro maduro como actor y director al que no hay que perder de vista, creo que por lo que a él respecta, lo mejor está por venir.
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