Rumbo a la 62a Entrega del Premio Ariel: Ya No Estoy Aquí

El 20 de septiembre del 2020 se celebrará se celebrará la 62 a entrega del premio Ariel a los mejor del cine nacional. Con la cuenta contrareloj, esta entrega se caracteriza no solo por la pandemia y todo lo que engloba a la problemática social y económica del país, sino también por su excelente producción y material audiovisual. Si bien, faltan muchas categorías por reforzar como lo sería en temas de animación. No obstante, se ha podido ver mucho talento y muchas propuestas que nos hacen sentirnos orgullosos. La competencia cada vez es más fuerte y solo aquellos proyectos de calidad, saldrán ilesos. Es por esto, que me haré una selección de películas que competirán en diferentes categorías para otorgar un punto de vista distinto. El día de hoy, comentaré “Ya no Estoy Aquí” de Fernando Frías.

Muchas veces escuchaba el mismo dicho en donde se argumentaba que la calidad de cine nacional era malo. Pero películas como estas han podido colarse al hogar de las familias a través de Netflix, puso una réplica al argumento antes dicho. Me parece que es una película bellísima en todo tipo de aspectos. Por momentos, los filmes en México giraban en torno a dos temas: Las comedias románticas y las producciones independientes o de bajo presupuesto con tintes de la señalización de la pobreza, la violencia y la marginación.

Ya no Estoy Aquí no cae en la típica historia del mexicano pobre que tiene que volverse ladrón o asesino. Sin duda existe un trasfondo y una originalidad empapada de una realidad palpita. Los puntos clave son las interacciones culturales y el giño del mundo globalizado. Esto provoca esa diferenciación en su esencia. El uso de la música es un medio para Ulises (personaje principal). Se trata de diversidad en una sociedad en la que los Terkos visten de esa manera porque ya es parte de su cultura, de su realidad. Los muros, las fronteras, las divisiones geográficas y las ideologías se construyen justo como los grupos del barrio. La diferencia ideológica hasta en el mismo barrio genera disparidades que explican la creación de bandos y de diversidad.

Cuando se da el choque de culturas en NY, Lin ve a Ulises como un objeto diferente, como algo sorprendente y que está fuera de su realidad. Él, sin embargo, vive y siente como su cultura y sus raíces se caen a pedazos por culpa del narcotráfico. Él debe sobrevivir, a la par, aún existen campañas políticas prometiendo el hilo negro y las bandas criminales intentando ser los héroes mediáticos repartiendo despensas. En la película el arte es un medio donde la pandilla busca refugiarse. La danza y la música son himnos de ellos. También, la música para Ulises es una especie de colchón en el frío Nueva York, es un hogar en las calles y es un arma contra las balas y la sangre; es un arropamiento y es un mensaje de esperanza

La película no busca retratar una generalidad, solamente explora un sector en particular de los muchos que existen. Nos damos cuenta que no es necesario viajar para ver que existe racismo y clasismo en nuestras calles. Visualmente tiene una fotografía muy bella, las interpretaciones son frescas y la dirección es sinónimo de perfección. El tema principal de la película no es la delincuencia o el crimen organizado, no es la pobreza o los políticos incompetentes, ni el crecimiento económico, la migración o el problema con el idioma. Esos son solo aspectos que giran en torno a los personajes, es su ambiente. El tema de la película es más profundo, y se fundamenta con la escena final donde Ulises está escuchando los disturbios y decide ponerse los audífonos y mientras las luces de las sirenas abundan. Él… simplemente, baila.

Avance de Ya No Estoy Aquí

Emiliano López Alonso
Estudiante de la licenciatura en economía por la universidad autónoma de Aguascalientes, he sido profesor de preparatoria impartiendo clases de historia mundial del siglo XX y sociedad mexicana contemporánea. Amo el cine y amo la industria de entretenimiento. De igual manera me gusta leer, investigar, la música y el teatro.