Reseñas
Varda por Agnès es dos películas a la vez

¿Por dónde se empieza a relatar la historia de un ícono? Agnès Varda, la reina del cine francés (que, curiosamente, nació en Bélgica con el nombre de Arlette), y considerada pilar de la Nueva ola francesa, tuvo a bien filmar una autobiografía que es el mejor ejemplo de cómo llevar a cabo una tarea así de difícil. Agnès partió de nuestro mundo el 29 de Marzo de este año, y ahora tenemos la hermosa oportunidad de honrar a una de las mujeres más importantes de la industria cinematográfica viendo en pantalla grande el documental acerca de su carrera, llamado Varda por Agnès (traída a México por la distribuidora Piano).
Varda por Agnès es dos películas a la vez: La que funge como presentación para quienes no conocen el trabajo de la directora (porque ésa es una gran ventaja del documental, no es necesario que el espectador sea experto ni fan); y la que se disfruta como un compendio de comentarios y experiencias acerca del trabajo de Varda, que es un deleite para quienes sí conocen su filmografía.
El largometraje comienza con ella sentada en su famosa silla de directora, dentro de un auditorio lleno de aprendices encantados con su presencia y sus palabras. Inmediatamente empieza a contar cómo visualizó filmar La Pointe Courte (1954), y nos lleva a ese momento en el que varias tomas nos hacen entender cuál era su plan y su visión. Desde ahí observamos que es una mujer naturalmente atraída por los colores vivos, las texturas y las formas divertidas (afines a esa personalidad suya tan vibrante, dulce y apasionada). De ahí pasa a hablar de la muy conocida Cleo de 5 a 7 (1962), explicando que, aunque el filme trata de una famosa cantante, Agnès estaba interesada en mostrar el tiempo en su forma natural (con el fin de hacerle justicia al título), y a las personas que pasan por la calle mientras Cleo avanza, con lo que retrata la naturalidad de la ciudadanía.

Lo mismo sucede en Daguerréotypes (1975), película que filmó gracias a su fascinación por la gente que vivía en la misma calle que ella y su marido (el también director Jacques Demy), llamada Rue Daguerre. Y esa es precisamente una de las características más enternecedoras del filme: Su amor por contar las historias de gente normal. Su interés es auténtico y su curiosidad es contagiosa, nos hace desear conocer más a estos personajes que parecen comunes, pero cuya historia es todo menos eso. Otro ejemplo de esto es aquella película en la que cuenta acerca de espigadores y desperdicios, llamada Les Glaneurs et la glaneuse del 2000; o en la que Sandrine Bonnaire interpretó a una joven de la calle viviendo vicisitudes reales (como carecer de higiene o tener lesiones auténticas) llamada Vagabond, filmada en 1985.
Todo lo escrito aquí es sólo una pizca de lo mucho que hay acerca del alma de Agnès en esta película. Más que un documental, es una plática con ella, donde nos lleva de la mano por sus amores y lo que le provocaba paz. Caminamos en su historia mientras observamos tonos pastel, sentimos la brisa del mar que tanto adoraba, y escuchamos algunos maullidos de los gatitos que fueron sus mascotas. Viajamos a través de sus filmes entendiendo su forma de ver la vida y de dedicarse de lleno a sus intereses, sin importar si lo que tiene a la mano es una cámara fotográfica, una de 35 milímetro o una digital. Su legado es tan representativo como aleccionador: El cine es amor profundo por contar historias de gente interesante, de sentimientos reales, siempre dejándose guiar por la pasión y la inspiración.

Avance subtitulado de Varda por Agnès



