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Reseña de Había una vez en Hollywood

A pesar de que el cine es en esencia un trabajo colaborativo, lo cierto es como espectadores tendemos a reconocer a un único autor de la obra cinematográfica: su director. Esto se debe a que, al final del día, es la visión del director lo que unifica la labor realizada por cada uno de los diferentes departamentos que conforman una producción.
Esta afirmación cobra aún más fuerza cuando es el mismo director quien escribe el guion de la cinta ya que poseer el control de su propia historia le permite imprimir un toque único para desarrollar un estilo que los distingue sobre el resto tanto por su dominio del lenguaje cinematográfico como por perseguir aquellos temas que les apasiona de verdad.
Nombres como el del ser más puro y esponjoso de México Guillermo del Toro, Wes Anderson, Steven Spielberg, Woody Allen (con todo y su dudosa reputación), Pedro Álmodovar, Alfonso Cuarón, Christopher Nolan y Quentin Tarantino nos continúan emocionando cuando los vemos relacionados con un nuevo proyecto. Confiamos ciegamente que la película que veremos será otra obra llena de corazón que se separa de la manufactura industrial a la vez que nos continúa entreteniendo, cautivando e intrigando.
Y es precisamente el último nombre en la lista, Quentin Tarantino, el que se ha convertido en el tema de conversación de los amantes del séptimo arte gracias al estreno de su novena película, aquella que recibió una ovación de siete (7!) largos minutos tras su proyección en Cannes, la tan esperada “Once Upon a Time… In Hollywood” (Había una vez en Hollywood).
¿Para qué mentir? Las expectativas alrededor de “Había una vez en Hollywood” eran demasiado altas. Además de reunir un elenco multiestelar, que aún resulta difícil de creer que esta es la primera vez que Leonardo Di Caprio y Brad Pitt trabajan juntos, Tarantino ha dicho que “Once Upon a Time…” es su “Roma” (Alfonso Cuarón, 2018), un trabajo sumamente personal e incluso experimental, una descripción vital para la cinta que se convertirá en la penúltima de su carrera, la cual el realizador limitó a 10.
Sin embargo, para un director que se ha caracterizado por sus diálogos ingeniosos y estilización de la violencia, dotándola de una elegancia única que ningún otro cineasta ha logrado replicar, “Había una vez en Hollywood” resulta una obra bastante incompleta y alejada del resto de su filmografía. Una obra tan experimental y estilizada que resguarda la potencial conexión del espectador con su trama y sus personajes. Una película que en lo personal encontré sumamente decepcionante.
Si algo me ha enseñado la vida es que la mejor manera de disfrutar una película de Tarantino es acercarte a ella sin ideas preconcebidas, desconociendo por completo su contexto. Así que… Esta es mi última advertencia en caso de aún no hayas visto la película debido a que esta crítica/reseña/review (como prefieras llamarle) contiene spoilers de la historia colocados de manera cero accidental.
La ficción, por más elementos fantásticos que se le añada, siempre está cimentada en lo que llamamos realidad debido a que imprimimos nuestra cosmovisión contémporanea a las viñetas que se crean para los personajes, sin importar el contexto de su propio universo. Incluso, se puede observar la fuerte conexión entre ficción y realidad cuando se nota que muchas historias ficticias surgen de versiones alternas de sucesos documentados, cuando nos preguntamos que ocurriría si se hubiese tomado una decisión diferente, si existiera un factor determinante para cambiar el rumbo de la historia…
Esta es precisamente la idea de “Once Upon a Time… In Hollywood,” situada 1969, un año sombrío que cimbró a Estados Unidos y particularmente a la industria cinematográfica. La aspirante a actriz, Sharon Tate, fue brutalmente asesinada junto a su hijo aún en el vientre y un grupo de amigos en la lujosa mansión que rentaba junto con su esposo en Hollywood. Las macabras muertes también fueron consideradas el final de la contracultura hippie ya que fueron adjudicadas a miembros de La Familia, un culto con un estilo de vida poco convencional por su uso normalizado de alucinógenos y liderado por uno de los personajes más nefastos de la historia actual, el infame Charles Manson.
No obstante, Tarantino introduce al espectador a un elemento desequilibrante bastante particular para este acontecimiento. Entra Rick Dalton (Leonardo Di Caprio). Dalton es un actor de televisión con una carrera a punto de colapsar como consecuencia de su alcoholismo y la falta de oportunidades para hacer una transición al cine dentro de un Hollywood que aún no definía si prefería ser una fábrica de westerns o abrirle el paso a la nueva ola de autores estadounidenses. Extremadamente sentimental, explosivo y, hasta cierto grado, inútil por su falta de practicidad ante las situaciones cotidianas, Dalton no puede existir sin Cliff Booth (Brad Pitt), quien en antaño fuese su doble y actualmente se desempeña como su asistente personal al ser incapaz de encontrar empleo por su percepción negativa en la industria. Entre las múltiples tareas de Cliff sobresale el ser el chofer particular de Rick, responsable de que su jefe llegue sano y salvo todas las noches a su mansión en Cielo Drive… A unos cuantos metros del hogar que el afamado director Roman Polanski (Rafal Zawierucha) y su esposa Sharon Tate (Margot Robbie) rentaban tras su regreso de Europa.
Inicialmente concebida como un libro, en algún punto de la redacción Tarantino pensó que sería una mejor idea llevar la historia de “Había una vez en Hollywood” a la pantalla grande porque tendría un mayor impacto.
No obstante, no estoy segura si la estructura que adoptó para la adaptación es la mejor para la cinta. En un intento por alejarse de sus últimas películas, Tarantino decidió abordar la trama de una manera similar a “Pulp Fiction”, su obra más reconocida, al usar una narrativa no lineal.
No obstante, esta decisión afecta más al producto final de lo que lo ayuda debido a que muchas de sus secuencias no aportan a la historia como lo hacen al fetiche con los pies de Tarantino (not pictured because gross) ni tampoco logran encajar perfectamente de la misma manera que lo hace “Pulp Fiction”, especialmente lo relacionado con el arco en solitario de Cliff que raya en lo absurdo.
Pese al esfuerzo de Tarantino por establecer a sus personajes a lo largo de dos horas, lo cierto es que el único personaje tridimensional que existen dentro de la historia es Rick, quien se convierte en memorable en buena medida por la actuación de Leonardo Di Caprio, la mejor que ha tenido en años ya que por fin está completamente liberado de la presión por ganar un Óscar. Por otro lado, tanto Brad Pitt como Margot Robbie hacen lo mejor que pueden con el material que se les ha dado. No es su culpa que el guion no permita que Cliff crezca más allá de la figura hipermasculina para balancear la vulnerabilidad de Rick mientras que a Sharon Tate la relega a ser una maniac pixie girl glorificada, bailando completamente distante de la crueldad de este mundo. En realidad, Sharon tenía el coraje suficiente como para encarar a su asesino y negociar la vida de su hijo por la suya. We all know how that ended though.
De igual manera, el guion de Tarantino ha sido duramente criticado por aquellos relacionados directamente con el caso. Mientras que la hermana de Sharon aclama la dulce representación de su hermana en pantalla, la hija de Bruce Lee está completamente disgustada por la caracterización de su padre en la película, quien para colmo es el único personaje de color en la cinta. Así mismo, tampoco se consultó a Polanski.
Y quizás, esto ya es más problema mío que sobreanalizo todo, pero la escena entre Rick y Trudi (Julia Butters) cuando leen sus respectivos libros durante el almuerzo de la filmación me resulta particularmente phony por parte de Tarantino, a quien nunca le ha preocupado ser políticamente correcto. El precoz feminismo de Trudi puede ser interpretado como una respuesta socarrona a las acusaciones de su vieja musa, Uma Thurman, quien declaró que el realizador casi la mata durante el rodaje de “Kill Bill”.
Al parecer no hay tanta bad blood entre ellos porque la hija de Thurman, una de mis consentidas Maya Hawke, aparece en el último acto.
No obstante, en defensa de “Había una vez en Hollywood”, su último acto es Tarantino en su máxima expresión. Un final divertido, explosivo y violento que tendría un mayor impacto si fuese cimentado durante las pasadas dos horas.
Independientemente de eso, la película es lo suficientemente entretenida para un espectador promedio, quien quedará absorto ante la maestría de Tarantino para combinar imágenes con música increíble. Aun no he visto una película de Tarantino en la que el soundtrack no quede con la historia.
Xime, TL;DR!!!
Si somos honestos, no será ninguna sorpresa que “Once Upon a Time… In Hollywood” termine en las listas de las mejores películas del 2019 al finalizar el año, simplemente porque es una cinta de Tarantino y porque a la industria estadounidense le encanta darse palmaditas en la espalda cuando se ve celebrada en la pantalla grande. Pero, al igual que La La Land (Damien Chazelle, 2016) con anterioridad, “Había una vez en Hollywood” no es más que un hermoso espectáculo visual sin sustancia por su hueco narrativo. De cualquier manera, diviértete con sus múltiples cameos… Ya sea identificando al actor o a su contraparte real.
Avance de Había una vez en Hollywood








