Sr. Rudo
Mainstream futbolero: ¿Es necesario ponderar la estética sobre las habilidades en el terreno de juego?

¿Desde cuándo es necesario depilarte el cuerpo para meter goles?, ¿por qué ahora algunos futbolistas salen al campo embadurnados de cremas en todo el cuerpo?, ¿desde cuándo el futbol dejó de ser un deporte de truhanes para convertirse en jovencitos fanfarrones de sus cuerpos que posan cada que anotan un gol o hasta cuando lloran su eliminación?, ¿por qué el futbol ha pasado de la tozudez a la delicadeza de sus protagonistas? En los ochentas y más de la mitad de los noventas los jugadores se concentraban más en cómo jugar que en cómo verse, no existían jugadores metrosexuales, todos era una torva de rufianes intentando meter la pelota en la otra portería.
Ahora, parece imposible pensar en salir a la cancha sin antes visitar al estilista, a la cultora de belleza, al odontólogo para presentar la sonrisa perfecta ante las cámaras, al modisto o diseñador para que el atuendo se ajuste al cuerpo y deje lucir ese pecho y estómago trabajados durante la semana. Esta moda metrosexual que está invadiendo al futbol, más que ayudar, evita centrarnos en lo que realmente nos interesa, la magia que se hace con el balón.
Nunca vi a Romario depilarse las piernas para meter uno sólo de sus fantásticos goles, jamás escuché que Gazza se preocupara por los “terribles efectos” de las más de 40 cervezas que antecedían sus magníficas actuaciones, a Chilavert argumentar que hacía mil abdominales para desviar uno sólo de los balones casi imposibles que le tiraban o a Maradona posar de manera ridícula cada vez que ejecutaba un tiro libre. No, ellos se concentraban en lo realmente trascendente del juego, la pelota y su habilidad con ella.
No intentamos demeritar los logros de CR7, los goles de Balotelli, la calidad para defender de Piqué, ni los tiros libres de Beckham que en su momento fueron magistrales, sino preguntarnos y cuestionarnos sobre si es necesario ponderar la estética sobre las habilidades en el terreno de juego.

¿Se imaginan Ronaldinho, en sus años de gloria, más preocupado por limar sus característicos dientotes que guiando al Barcelona rumbo a la Champions League ?, ¿al pibe Valderrama peinando su cabellera afro en lugar de meter pases de antología al Tren Valencia o al gordito Valenciano?, ¿a Haggi cuidándose de no recibir un golpe que le desfigure el rostro de galán de televisión, en lugar de conquistar los Cárpatos a base de buenos trazos ?, ¿a Zidane escondiendo su calvicie de genio, preocupado por tratamientos capilares y no comandando a esa Francia de antología del 98?, ¡claro que no!, pues ellos se preocupaban más por la pelota. Los goles y la magia venían de los pies, no de posar para las cámaras.
En una época donde crear figuras o ídolos de plástico, donde el mainstream reina en todos los aspectos de la vida cotidiana, donde la TV tiene acaparados los derechos de las ligas más famosas, sería absurdo no pensar que el futbol estuviera exento, por eso, ahora , independientemente de los goles que pueda marcar un delantero, también importa cómo los luzca, qué tan bien se vea el uniforme y cómo el patrocinador oficial del equipo se vea en los pectorales, se juega un partido para las cámaras y los dueños del dinero, antes que para los fieles aficionados que cada semana nos reunimos en busca de buenas jugadas a manera de limosna.
En fin, pobre de los niños que cada vez se acercan a las canchas posando o luciendo como sus ídolos prefabricados, en lugar de buscar el sentido lúdico que la pelota deja cuando rueda.



