Sex Education tropieza un poco en su segunda temporada

La segunda temporada de Sex Education, protagonizada por un ya no tan pequeño Asa Butterfield como Otis Milburn, un chico que emprende una clínica sexual clandestina en su escuela, y Gillian Anderson como su madre, una reconocida sexóloga que no deja de abrumarlo, se estrenó en Netflix el pasado 17 de enero.

Me resulta irónico, e incluso un tanto irresponsable, que, pese a que hoy día como sociedad tenemos acceso a una gran cantidad de información de manera instantánea desde la palma de nuestra mano, también poseemos un mayor desconocimiento sobre tantos temas, especialmente en aquellos que todavía se continúan susurrando durante una conversación o se utilizan eufemismos para referirse a los conceptos relacionados con ellos.

Uno de esos temas en que esperaría que actualmente tuviéramos un mayor dominio y ya hubiéramos superado sus prejuicios es la sexualidad. Desafortunadamente, en una sociedad como la mexicana, la visión general de la sexualidad humana continúa siendo bastante limitada y conservadora. Los padres se niegan a tener esa conversación incómoda con sus hijos, las escuelas solamente se limitan a proporcionar la información más básica al respecto para entender el funcionamiento y proceso biológico de la sexualidad. Ante la curiosidad surgida por nuestras propias experiencias, consideramos más sencillo escribir nuestras dudas en un buscador y Google, me siento con suerte porque al final del día, la información disponible en línea no está precisamente regulada por lo que las respuestas relevantes y actuales se pierden entre tantos consejos erróneos, discusiones contradictorias y algunas percepciones anticuadas.

Esa es precisamente la razón por la que una serie como Sex Education causó tanto revuelo e impacto en su audiencia meta durante su estreno en enero del año pasado. Completamente franca desde su primera escena, una pareja de adolescentes teniendo relaciones en las que el hombre es incapaz de llegar a un orgasmo, la original de Netflix se caracterizó por combinar una perspectiva desenfadada de la sexualidad, expresada magníficamente en lo que podría considerarse un punto de partida un tanto ridículo, un adolescente virgen y con problemas para masturbarse inicia una clínica para aconsejar a sus compañeros en temas de sexo, con una enorme comprensión del contexto en el que se desarrolla, creando personajes realistas con problemas comunes que desmitifican algunos aspectos del sexo.

Divertida, quirky y amena, Sex Education se convirtió en una de mis series favoritas del año pasado, a pesar de algunos fallos, puesto que en un mundo donde cada vez existe una mayor oferta televisiva, el programa podía diferenciarse fácilmente de otros para adolescentes, desde sus tiernos momentos en que deconstruye los estereotipos de amistades masculinas y el uso de escenas sexuales sin estilizar para mostrar una incómoda, cruda y graciosa realidad hasta la minuciosa construcción de sus personajes que rompen los moldes en que se les intenta encasillar y la creación de ese mundo tan particular en el que las líneas entre las culturas estadounidense e inglesa se desvanecen para homenajear la estética de John Hughes, responsable de la ola de películas ochenteras de high school icónicas como The Breakfast Club (1985) y Ferris Bueller’s Day Off (1986).

No es de extrañar que Sex Education se haya convertido en un éxito para Netflix, como tampoco lo fue su pronta renovación para una segunda temporada. Sin embargo, ante tantos aspectos sobresalientes de la primera temporada, como espectadora no podía dejar de cuestionarme si la continuación de la serie lograría aproximarse a la calidad mostrada en sus capítulos iniciales o sería una víctima más del sophomore slump, una expresión anglosajona para referirse a esa instancia en que un segundo esfuerzo no puede superar los altos estándares impuestos por el primero. Y, desafortunadamente, Sex Education no consigue evitar el sophomore slump con una segunda temporada que solamente parece compartir a los actores interpretando personajes que apenas son una sombra de lo que fueron inicialmente.

La segunda temporada de Sex Education comienza justamente con las secuelas directas de los eventos que concluyeron los primeros ocho capítulos. Tras los malentendidos con su socia Maeve (Emma Mackey), de quien está secretamente enamorado, Otis (Asa Butterfield) decide abandonar la clínica sexual para enfocarse por completo en su relación con Ola (Patricia Allison) y disfrutar el resto de su tiempo en la prepa junto con su mejor amigo Eric (Ncuti Gatwa). No obstante, cuando la escasa educación sexual dentro de la preparatoria Moordale sale a relucir durante una junta de padres de familia tras una crisis de clamidia haciendo que Jean (Gillian Anderson), la madre de Otis, amenace con pasar más tiempo en la escuela que atendiendo su propio consultorio como terapeuta sexual, Otis se ve obligado a retomar su negocio a espaldas de su mamá, la flamante nueva gurú del sexo en Moordale.

A grandes rasgos, ese es el arco narrativo de la segunda temporada puesto que otra de las peculiaridades de Sex Education es que cada episodio muestra nuevas facetas de personajes secundarios, creando numerosas subtramas que abarcan la mayor cantidad de asuntos relevantes para la sexualidad humana, desde los más inofensivos como el descubrimiento de la propia orientación hasta otros un poco más específicos como la inseguridad al mostrarse desnudo frente a la pareja. Esta estructura en la primera temporada resultó encantadora puesto que cada capítulo lograba balancear “el cliente del día” (por llamarlo de alguna manera) con el tiempo en pantalla de sus protagonistas. Sin embargo, en esta ocasión es notable cómo los escritores de Sex Education se ven rebasados por todo lo que quieren transmitir a su audiencia, a tal grado que en un punto de la temporada el espectador se llega a olvidar de que el protagonista de la serie es Otis y no Maeve o Jackson (Kedar Williams-Stirling).

Así mismo, los escritores demuestran cierto favoritismo hacia algunos personajes en específico por las acciones y su tiempo en pantalla. Algunos estudiantes de Moordale no afrontan consecuencias directas por su comportamiento, se les justifica dicha actitud y se les recompensa constantemente (Maeve) mientras que otros parecen condenados a ser constantemente miserables y reducidos (como Adam, interpretado por Connor Swindells). Por otro lado, personajes importantes como Otis, Eric y Ola vieron sacrificado su desarrollo para adecuarse a la narrativa que favorece a unos cuántos por encima de otros. Pese a esto, hay dos personajes cuya subtrama se convierte en una de las más sólidas e interesantes de la segunda temporada: la dinámica de Viv (Chinenye Ezeudu) y Jackson, una amistad completamente inesperada que se convierte en un gran apoyo para ambos dentro de sus propios conflictos.

Sin embargo, la franqueza de la primera temporada de Sex Education se siente completamente fabricada en estos nuevos capítulos. Pese a que en esta ocasión los guionistas de la serie decidieron abrirse para abarcar contenidos sociales relevantes como la construcción de la identidad de un adolescente, el matrimonio, la infidelidad, la presión en las relaciones padres – hijos, la violencia cotidiana hacia la mujer y el feminismo, ninguno de sus comentarios se siente completamente sincero ya que la construcción del momento cumbre se siente forzada, como si se esperara una viralización en redes sociales. Y, de hecho, los guionistas lo lograron. A las pocas horas del estreno de la segunda temporada, una escena clave de los últimos episodios era compartida en redes sociales, una en que se ve a la mayoría de las chicas de la serie sentadas juntas en un autobús, un gesto de sororidad importante. No obstante, el camino a este punto tan brillante resulta un tanto inconsistente.

Continuado con el legado musical de la primera temporada, y haciéndonos recordar por qué Mystery of Love es una canción tan icónica, la segunda temporada de Sex Education constantemente se tambalea al magnificar todos esos vicios narrativos que la aquejan desde el inicio, como el favoritismo hacia ciertos personajes. Sin embargo, la serie aún es lo suficientemente divertida para un espectador casual que esté encariñado con los personajes, independientemente de la trama, o para quien decide verla solamente por el morbo que le produce su título. Vale la pena disfrutar las actuaciones de su elenco, en donde no existe un eslabón débil. Pero en lo personal, yo me quedaría con la primera temporada… A menos que quisiera utilizar un episodio específico para hablar con alguien respecto a un tema específico de la sexualidad.

Y a Otis Milburn todavía le queda varios por cubrir. Esperemos que la tercera temporada, ya anunciada por Netflix, logre que Sex Education se recupere de este trastabillo.

Avance subtitulado de la segunda temporada de Sex Education

La Xime
Tan solo he pasado 25 años perfeccionando el arte de ser un remedo de escritora. Perdidamente enamorada del cine y la televisión, si no tengo un lápiz en la mano seguramente estoy twitteando opiniones poco populares.