Rompan Todo: La insaciable complacencia

Existe un relato verídico y notorio en la historia del rock latinoamericano. Ese es el día en que Charly García, durante un tiempo de bastante hostilidad y prepotencia de su vida, brincó desde el noveno piso del hotel donde se hospedaba y cayó directo a la alberca, salvándose de puro milagro. Veinte años después, la historia parece repetirse. Después del estreno en Netflix de la docuserie Rompan Todo, a cientos de espectadores indignados les sobran ganas para tirarse por la ventana porque sus gustos no fueron satisfechos.

La miniserie documental narra la historia del rock en Latinoamérica a través de los testimonios de algunos de sus protagonistas. En ella es visible la evolución del género: desde la traducción de éxitos de Elvis y Paul Anka; hasta la subversión y cuasi clandestinidad para tocar música rock en distintos contextos.

Rompan Todo maneja con agilidad el material dispuesto a su mano, sobre todo el material inédito de archivo, para construir un relato sobre Latinoamérica y su gradual proceso de construcción identitaria para la música rock. Este relato, además, es un documento inicial para aquellos nuevos conocedores del género que desean ampliar su repertorio musical. La miniserie comprende el género musical que maneja, por lo que goza de un ritmo agradable, haciendo de esta carente de momentos densos o que ralenticen la narración.

A su vez, la docuserie sigue dos caminos paralelos que en determinados momentos convergen y dan cohesión a su objetivo simultáneo: además de conocer grosso modo la evolución de su rock, Rompan Todo es una vía para aproximarse a la historia moderna de Latinoamérica, o al menos un asomo a algunos de los acontecimientos más importantes de la región.

Gustavo Santaolalla

Es a través de este segundo objetivo que la miniserie otorga su debida importancia a figuras de gran importancia musical y social como Víctor Jara, asesinado durante el Golpe de Estado chileno, o Rodrigo González “Rockdrigo”, quien pereció en el terremoto del 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México.

Si bien prevalecen estos logros, la “crítica” ha relucido más las fallas de este. Gustavo Santaolalla, coproductor de la miniserie, ha sido señalado por sobreponerse como protagonista del documental y de la historia del rock latinoamericano; trayendo consigo una visión “incompleta” de este género, limitándose a mostrar a talentos que él produjo y juntando únicamente a amistades para realizar la docuserie.

La base detrás de estos argumentos en realidad pinta hacia otro lado. Es obvio deducir que cada capítulo representa una década en concreto, arrancando en los años cincuenta y viajando hasta la actualidad; sin embargo, cada capítulo carece de una estructura propia. En el transcurso de la docuserie prevalecen saltos espaciales bajo la propia conveniencia del relato, no existe un vínculo que realmente ate algunos hechos con otros.

Después de la mención del Festival de Avándaro, es descrita la mecánica de los hoyos funkies; pero después, ese tema es completamente abandonado para ahondar en otras bandas de Argentina o Perú. El amparo para argumentar la unión de estos saltos es el carácter represivo de los gobiernos de la época, pero resulta insuficiente a la hora de dar cohesión a las particularidades.

La Maldita Vecindad

De la misma manera, resulta insuficiente la reducción del rock latinoamericano en tan sólo seis episodios, tanto por la anterior falta de estructura como la vasta cantidad de información existente al respecto. Como resultado, Rompan Todo queda como una serie documental de grandes ambiciones pero que cuya inmensa discriminación de información resulta contraproducente para el resultado final.

Sin embargo, castigar a la serie por la nula presencia de algún grupo específico por mero capricho —puesto que las quejas provienen normalmente de ofendidos porque su banda favorita no estuvo— es caer en un berrinche de proporciones bíblicas. Empero, el nivel de representatividad femenina en la escena musical resulta preocupante, cosa que por sí misma da cabildo para otro documental completamente diferente y a su vez, enriquecedor.

Asimismo, castigarla por “sesgar” la visión de su tema es una completa omisión característica del documental: este género no es la verdad absoluta. Ningún documental fungirá como un testimonio de la realidad total. Sea Santaolalla, sea Picky Talarico (director de la docuserie) o sea quien sea, reducirá el objetivo de su material. Le guste o no a los eternos hambrientos de la complacencia.

Si sigue ese infinito apetito por el contentamiento, pueden devorar otros documentales sobre el rock en Latinoamérica que ahondan en otros artistas y particularidades. Aunque cuidado: estos también están delimitados, espero no mueran de hambre.

Avance de Rompan Todo

C. Daniel Martinez
Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Escribe sobre cine en Playboy, Casa Negra y en su blog "El Blog Maraz". Hace un podcast semanal en Spotify llamado "Nosotros los Tetos". Antes cinéfilo, ahora cinéfago.