Una Pequeña Mentira (Fourmi)

El mundo del fútbol es un sueño agridulce para todos los que anhelan pertenecer a él. Si bien hay millones de jóvenes con talento nato y habilidades excepcionales, la oportunidad de que se muestren ante gente que pueda hacer crecer dichas ventajas y ayudarlos a sobresalir son demasiado pocas. Las cosas incluso se complican cuando han alcanzado ese chance y pretenden superar los siguientes filtros, en los que se ven involucradas inversiones económicas, contactos en clubes y favoritismos de los ejecutivos.

En esta difícil realidad se basa la novela gráfica Dream team, de Artur Laperla y Mario Torrecillas, la cual fue llevada al cine en el 2019 por el director francés Julien Rappeneau, bajo el nombre de Fourmi (en México estrenada bajo el nombre Una pequeña mentira, en Estados Unidos llamada Of love and lies). Una pequeña mentira trata acerca de Théo (Maleaume Paquin), un muchachito de 12 años que resulta ser un delantero verdaderamente habilidoso, querido y valorado por sus compañeros de equipo y por Claude (André Dussollier), su entrenador.

Fuera de las canchas, Théo se enfrenta a la situación de su padre: Laurent (François Damiens) -quien se ha divorciado recientemente de su madre (Ludivine Sagnier)- se encuentra desempleado y tiene problemas con la bebida, por lo que ha entrado en una espiral, lenta pero inevitable, de autodestrucción. La suerte de Théo y Laurent cambia de pronto al enterarse que uno de los visores del afamado equipo inglés Arsenal le ha echado el ojo al muchachito, lo que trae para ambos felicidad y esperanza… hasta que Théo se ve orillado a decir una mentira que pareciera menor, pero que desencadenará una bola de nieve imparable.

Una pequeña mentira tiene dos temas principales a destacar. El primero tiene que ver con nuestro protagonista, que, aunque es muy joven aún, entiende perfectamente la vorágine en la que su padre se encuentra inmerso, por lo que carga –aunque no se lo piden como tal- con la responsabilidad de hacerlo sentir mejor, más útil y apreciado. Así como siente este peso sobre sus hombros, lo vemos también malabarear (de la forma más madura que puede) la relación con su nuevo padrastro, su mejor amiga y confidente, su compañero lesionado y un muy peculiar hacker con indicios de agorafobia, por lo que comprendemos que no le es nada fácil manejar tal nivel de presión, cuando además todos en su pueblo natal esperan que sea la nueva estrella deportiva. Y respecto a la misma, el otro discurso importante en la cinta tiene que ver con lo complicado que resulta que los padres pongan todas sus esperanzas y sueños no cumplidos sobre sus hijos. Laurent era, en su juventud, también jugador de futbol, por lo que cuando le dan la noticia del Arsenal ve la posibilidad de lograr aquellos anhelos truncados a través de su hijo, lo que provoca en el pobre chico aún más preocupaciones, sin saber cómo solucionará todo lo que le aqueja.

El ambiente del fútbol soccer es complicado, es cierto, pero hay muy pocas cosas en el mundo que generen tantas emociones como él: La felicidad, la exaltación, el llanto, los nervios; todo es parte del deporte que mueve y une a millones de personas. Una pequeña mentira nos recuerda que lo más bello de él es poder compartir lo mucho que nos regala con amigos y familia, y dejar que nos una y nos enamore. Apreciemos de la cinta lo agradable de su moraleja: Nada más hermoso que permitir que un equipo y una afición nos haga hermanos.

Avance subtitulado de Una Pequeña Mentira

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.