Reseña de Relativity (Mi Final. Tu Comienzo)

Los amores destinados a ser, esos que suponen ser irrompibles y eternos, son siempre una gran apuesta para la pantalla grande. El público gusta de creer en que hay uno que está hecho para el otro, y hay montones de filmes dedicados a mostrar que esas esperanzas no son sólo fantasías, que el amor sí lo puede todo, y que, efectivamente, es la fuerza más poderosa de la naturaleza. Retratar estas relaciones en el cine no siempre sucede de manera exitosa, el peligro de caer en los excesos de cursilería o de tramas no creíbles radica en una línea finísima, que desafortunadamente es frecuentemente cruzada.

Es por eso que Relativity (Mi Final, Tu Comienzo por su título original en alemán `Mein Ende. Dein Anfang´), el debut cinematográfico de la directora y guionista alemana Mariko Minoguchi, es una apuesta valiosísima: Se atreve a combinar dicho romanticismo con lapsos entremezclados y ciencia ficción. Comienza contándonos la historia de Nora (Saskia Rosendahl) y Aron (Julius Feldmeier), una cajera y un estudiante de física cuántica, quienes son pareja ya desde hace dos años y viven juntos, muy felices. Poco después conocemos a Natan (Edin Hasanovic), quien es un empleado de supermercado que recién descubre que su pequeña hija tiene leucemia, por lo que se ve orillado a tomar decisiones peligrosas para conseguir la enorme suma de dinero que le ayude a pagar el tratamiento y los medicamentos. Eventualmente entenderemos cómo van a relacionarse las vidas de estos tres protagonistas, a través de memorias, flashbacks y encuentros afortunados e infortunados.

Relativity no tiene miedo a desafiar la comprensión de su público. Su encanto e innovación están basados en mostrar por partes las vidas de estos tres personajes, sin intentar darles una secuencia regular o explicar a la gente en qué momento el lente mirará hacia la historia de otro. La simultaneidad de dos estados, en esta película representados por Nora y Natan (y el simbolismo de la paradoja del gato de Schrödinger), es un camino que, como público, tenemos que recorrer con ellos para poder desentrañar no sólo cuál será su unión, sino el nivel de intensidad de la misma.

Este juego podría sonar confuso o pretencioso, pero Minoguchi lo logra de manera muy agradable, y le da sentido a toda una trama que se basa en que la física explica justo eso, que el tiempo no es lineal (sólo estamos acostumbrados a percibirlo como tal), y que el presente tiene tanto valor y presencia como el futuro.

El amor de Aron y Nora es grande, mucho. No es un drama espectacular que conlleve fuegos pirotécnicos ni gestos grandilocuentes, se centra en los pequeños detalles, en la cotidianeidad, donde son el cómplice y el confidente del otro. Mariko Minoguchi, quien ganó por esta cinta el premio a Mejor Ópera Prima y Mejor Guión en los German Films Critics Association Awards, nos muestra a través de sus colores y sus tomas (fantásticamente fotografiadas por Julian Krubasik) que nadie está equivocado al creer que algo está predestinado, que no es iluso, ni demasiado meloso: Aunque la desgracia irrumpa en nuestras vidas la magia no deja de existir, sólo hay que buscarla en los lugares adecuados, y, cuando por fin la encontremos, disfrutemos y celebremos ese anhelado reencuentro.

Avance  de Relativity

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.