Reseña de Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw

Durante gran parte de Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw del director David Leitch disfrutarás de lo que estabas buscando. Después de todo, ¿Qué esperabas con un titulo tan ridículo?

Veamos, ¿Qué estaba buscando la audiencia? ¿Quieren duelos mordaces entre Jason Statham y Dwayne Johnson? Listo. ¿Quieren que se muelan a golpes varias veces? Listo. ¿Qué tal un par de carreras con autos de lujos que desafían las leyes de la física? Listo y listo. Es cerca del tercer acto cuando las coreografías se vuelven tan incoherentes que te das cuenta que no te importa lo que esta sucediendo y comienzas a desear que a Hobbs y a Shaw se les hubiera dado una historia con un mejor argumento. Pero para entonces, es probable que ya no te importe.

Con películas como “John Wick”, “Atomic Blonde” y “Deadpool 2” en su curriculum, David Leitch a demostrado su capacidad para resaltar las habilidades de las estrellas de acción. Ayudó a construir al silencioso asesino de Keanu Reeves, liberó a la máquina asesina escondida dentro de Charlize Theron y consolidó al asesino parlanchín que Ryan Reynolds nació para interpretar. Así que tenía sentido entregarle las llaves del primer spinoff de la franquicia de Rápido y Furioso, cuyas primeras ocho películas suman más de $5,000 millones de dólares en taquilla.

Pero no te preocupes, si no has visto ninguna de las películas de la familia de Vin Diesel, no te sentirás confundido por lo que sucede en la pantalla de Hobbs & Shaw. En el centro de la acción se encuentran dos de los personajes más carismáticos de la saga, Luke Hobbs (Johnson) un agente de la DSS y padre soltero y Deckard Shaw (Statham) un operativo ex-militar altamente peligroso.

Leitch no nos hace esperar para mostrarnos las fortalezas de Jason y Statham, comienza la película y vemos unas cuantas escenas entrelazadas que cumplen los deseos de los fans. Es increíblemente simplista que Johnson golpee a un hombre con una aguja para tatuajes y Statham se luzca con una botella de champán, pero hay una especie de belleza en esa simplicidad. Te hace pensar de inmediato “Para eso pague un boleto”.

No importa si Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw tropieza eventualmente a lo largo de 134 minutos y tiene más subtramas que Downtown Abbey. La química entre la pareja principal nos tiene en turbo y si agregamos a Idris Elba, (que realmente se divierte interpretando a Brixton) Vanessa Kirby y Helen Mirren tenemos la receta ideal para un blockbuster veraniego que sólo busca divertirte.

ESCENAS POST-CREDITOS

Por cierto, no te adelantaré lo que pasa, pero deberías esperar hasta que enciendan las luces cuando veas Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw porque tiene tres, ¡Si! 3 escenas post-créditos que querrás ver.