Reseña de Fuga de Pretoria

¿Por qué tenemos que comparar cualquier película nueva con la mejor de su género? Esta parece ser la condena más reciente de estrenos como Fuga de Pretoria (Escape from Pretoria, 2020) la última interpretación de Daniel Radcliffe, que parece no ser suficientemente buena, porque no es Sueño de Fuga (The Shawshank Redemption).

En 1979, tres activistas contra el apartheid escaparon de una cárcel sudafricana, ejecutando un audaz y complicado plan contra un sinfín de complicaciones. Uno de ellos, Tim Jenkin, contó su historia en el libro de 1987 “Escape From Pretoria“, ahora convertido en una adaptación cinematográfica protagonizado por Daniel Radcliffe. Escoger a Radcliffe fue una gran decisión, y no solo porque tiene un carisma innato, sino porque ninguno de los héroes de esta historia fueron superhombres. Eran inteligentes, compasivos, y más lectores que musculosos.

También ayuda que el director Francis Annan (que también coescribió el guión con L.H. Adams) mantenga la acción centrada en la peculiar mecánica de la fuga, en lugar el elaborado discurso político detrás de su encierro. La rectitud de la causa de estos hombres se presenta como evidente. Aunque su debate interno es interesante, es menos emocionante que ver a los prisioneros escabullirse en las esquinas, tratando de evitar ser atrapados.

Esta cualidad de Fuga de Pretoria, combinada con un elenco consumado que incluye a Daniel Webber como el compañero de Jenkin e Ian Hart como el prisionero anti-apartheid que más se opone al plan de Jenkin, agrega un valor agregado a una película que presenta sets limitados, una historia simple y poco o nada de rimbombantes recursos Hollywoodescos.

En cambio, el dilema que enfrenta Jenkin es sorprendentemente básico y elemental. Está atrapado en una jaula, detrás de una docena de puertas. Día a día, bloqueo por bloqueo, encuentra una salida.

El único punto criticable de Fuga de Pretoria es que no nos muestra el resto del viaje de estos hombres para alcanzar la verdadera libertad. Lo que incluía atravesar Zambia para poder llegar a Tanzania y después Londres. Sin embargo, como comentamos, enfocarse en la prisión ayuda a mantenernos al borde del asiento. Stephen Lee y Timothy Jenkin fueron “perdonados” en 1991, pero considerados fugitivos hasta ese punto. Por cierto Leonard Fontaine (Mark Leonard Winter) no fue un prisionero real, sino una amalgama de varios prisioneros que Lee y Jenkin conocieron. El Goldberg de la vida real, fue liberado de prisión mucho antes de lo que esperaba.

Avance subtitulado de Fuga de Pretoria