Reseña de El Ombligo de Guie’dani

En el 2018 vivimos el gran éxito de Roma, película de Alfonso Cuarón en la que el director nos contaba de su infancia tiernamente marcada por Cleo, su empleada doméstica. Yalitza Aparicio nos regaló a una nana devotamente entregada a la familia que la empleaba y a los niños, que trataba casi como suyos. Tiempo después, La Camarista de Lila Avilés tuvo de protagonista a Eve, una mujer encargada de la limpieza en un lujoso hotel de la Ciudad de México, resignada a tener turnos infinitos y mal pagados mientras trabajaba para lograr perfección en las habitaciones de adinerados clientes.

Teniendo a estos dos sacrificados personajes como un claro ejemplo de lo que viven las empleadas de limpieza en México, encontrarnos con una película subversiva y diferente como El ombligo de Guie’Dani es refrescante, ya que su impacto radica en hacer a un lado la creencia de que estas mujeres sólo deben ser sumisas y serviciales. Esta cinta nos cuenta de Guie’dani (Sótera Cruz), una adolescente oaxaqueña que se ve obligada a viajar y vivir en la capital debido a que su madre (Érika López) trabajará como empleada doméstica de una familia de clase media alta. Ahí se encontrará con Valentina (Yuriria del Valle), la dueña de la casa, y con su esposo, David (Juan Ríos), quienes tienen dos hijos adolescentes (Jerónimo Kesselman y Valentina Buzzurro). Conforme pasan los días en casa de esta familia, Guie’dani se siente cada vez más incómoda y fuera de lugar, hasta que conoce a la hija de otra persona de servicio, llamada Claudia (Majo Alfaroh), quien comparte su forma de pensar y se convertirá en su cómplice, dándole así a Guie’dani la valentía para rebasar los límites.

Es claro desde un principio que nuestra protagonista está reacia a abandonar Xadani, su lugar de origen. Guie’dani está cómoda con su pueblo y su gente, no le afecta la carencia de dinero y está convencida de que pueden tener una vida tranquila ahí; sin embargo, nadie puede culpar a su madre por querer darle una vida mejor. Lo que vuelve a este plan algo tan complicado es tener que convivir con una familia que, aunque ellos creen que están portándose bien con las dos mujeres, es simplemente incapaz de reconocer su clasismo: Sienten que le hacen un favor a esta gente por darles trabajo, no les permiten usar los mismos cubiertos ni comparten con ellas la mesa, y asumen que deberían estar agradecidas por recibir lo mínimo indispensable. Su desfachatez llega incluso a hablar de ellas sin importar que se encuentren escuchándolos en el cuarto siguiente (aunque a veces hacen la grosería de hablar en inglés cuando les conviene que ellas no entiendan). Valeria y David se sienten magnánimos y creen que ser sus empleadores tienen derecho a meterse con la forma de ser de la protagonista: critican su aprendizaje, su expresión seria, incluso se quejan de que hable más zapoteco que español. Y mientras su hija mayor observa a Guie’dani por encima del hombro y la trata despectivamente, su hijo menor parece más consciente de las injusticias que estas dos mujeres viven en su casa, pero no hace mucho más por cambiar la situación.

Las películas poseen el poder señalar y hacer visible lo que muchas veces pasamos por alto, y es por todo su contexto que El ombligo de Guie’dani es tan valiosa. No seríamos capaces de reconocer nuestro clasismo tan fácilmente: Está tan normalizado hacer burlas o comentarios acerca de las personas de servicio que hemos aprendido a minimizar la gravedad del asunto, y es muy común creer que cualquier mínimo apoyo que ofrezcamos a estas personas les es más que suficiente. Damos nuestros privilegios por hecho e incluso creemos que otras personas pueden obtenerlos fácilmente, pero la realidad es que no nos estamos poniendo en sus zapatos ni estamos siendo lo suficientemente empáticos para buscar erradicar esa injusticia a la que desafortunadamente nos hemos acostumbrado.

Xavi Sala, el director de El ombligo de Guie’dani (que además es su ópera prima), cuenta que tardó más de dos años en armar un casting que transmitiera ese carácter y rebeldía que le dan personalidad a la película, y su empeño en este aspecto paga con creces al entregarnos a una protagonista que no necesita largos diálogos o escenas sobreproducidas para transmitir al espectador la esencia de la cinta: basta con sus silencios y su adusta expresión para comprender la tristeza de extrañar sus raíces, la opresión que siente de gente a la que no le importa entenderla, la ira de saberse atrapada, y la fiereza con la que refuerza su identidad.

Avance de El Ombligo de Guie’dani

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.