Reseña de: El Gallinero

Adaptar una obra de teatro para el cine no es cosa sencilla. Debido a las características específicas del lenguaje teatral, la experiencia de trasladarse a una pantalla puede generar dos resultados negativos: Uno, que parezca una grabación como tal de la misma -y se vea monótono en extremo-, y el otro, que la visualización no se proyecte adecuadamente a la hora de realizarla, haciéndola ininteligible. Dado lo riesgoso de este ejercicio, encontrar una adaptación que haya sido un triunfo es algo que vale la pena mencionar y llevar a la conversación.

Este es el caso de ‘El gallinero’, ópera prima del director Fabián Ibarra Alemañy, que está basada en la obra ‘El animador’, del dramaturgo venezolano Rodolfo Santana. Estrenada en el Festival Internacional de Cine de Morelia, esta cinta se centra en dos únicos personajes: Carlos (Marco Treviño), un fanático de la programación del canal 6, y Marcelo Ginero (Pablo Cruz), vicepresidente de dicha cadena. Carlos ha decidido raptar a Marcelo para hacerle pagar por ciertas injusticias que ha notado en los programas y comerciales producidos bajo el mando de Ginero, por lo que lo encierra en un gallinero olvidado a la mitad de la carretera para obligarlo a corregirlas. En este contexto, observaremos que la venganza puede construirse a partir de las raíces más extrañas, y ejecutarse de las maneras más viscerales.

‘El Gallinero’ es un híbrido de géneros, lo que comienza siendo un thriller o noir va mutando hacia la comedia negra y el absurdo, hasta convertirse en sátira y crítica social. En una trama que al principio nos remite inevitablemente a la Annie Wilkes de Stephen King, tratamos de introducirnos en la psique de un hombre que, contrario a lo que se espera de su papel, no busca remuneración económica ni es un matón a sueldo, más bien es un hombre bonachón enajenado con lo que la vida le ha puesto enfrente: Un canal de televisión masivo que transmite a su conveniencia, como el negocio que es. Ante los ojos de Carlos, Marcelo es un hombre sin escrúpulos que debe ser aleccionado, y es así como el ejecutivo va aprendiendo, de la manera más dura, que al público no debe tratársele como tonto ni hacérsele menos. Para lograr esto, los actores utilizan adecuadamente su experiencia en teatro y tv, dándole versatilidad a los cambios de humor que requiere la cinta, así como la fuerza que el guion necesita para convertirse en un tercer protagonista. Acompañados de una musicalización que acentúa sus expresiones y diálogos, es un gusto atravesar con estas excelentes actuaciones las risas, la tensión y el drama que la película ofrece.

Para lograr este resultado, Fabián Ibarra se valió de ocho cámaras, rodando durante tres días, después de haber ensayado con sus personajes durante tres meses. Al haber visto esta obra a sus 14 años, el realizador sabía que iba a ser difícil que se sintiera vigente en la era del streaming; sin embargo, al toparse con aquel circo deleznable que fue la campaña presidencial de Peña Nieto, Ibarra se dio cuenta de que aún hay gente vulnerable ante los contenidos televisivos, por lo que trabajar esta adaptación para invitar a la reflexión se sintió necesario y actual. ‘El Gallinero’ nos hace cuestionar qué hemos estado consumiendo por medio de la pantalla chica desde pequeños, cuando no éramos conscientes de su enorme influencia y alcance, y nos explica a través de una disparatada premisa que hay que ponerle atención a los mensajes que nos transmiten, porque suelen existir sólo para embobar y convencer a un espectador que, desafortunadamente, ha dado por hecho que todo lo que muestran es una verdad inequívoca. Esta base es lo más valioso de la película, que no tiene reparos en recalcarnos que “la magia de la televisión” es, a fin de cuentas, sólo venta y sumisión.

Entrevista a director de EL GALLINERO

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.