Reseña de Anoche te vi sonreír

Las mudanzas representan, inevitablemente, nostalgia y pérdida. Empacar las cosas que hemos acumulado – y decidir qué dejaremos atrás – a través de los años en los que habitamos un lugar cuesta trabajo porque nos hace conscientes no sólo de la cantidad de pertenencias que tenemos, también de los recuerdos que éstas llevan consigo: Cuándo los adquirimos, con quién las compartimos, a quiénes las prestamos y qué uso les dimos. Es en esta reflexión donde lo material sobrepasa su forma como mero objeto y se convierte en una parte de nosotros, aquella en la que guardamos un sentimiento, una memoria o un valor.

De esta base parte el documental –que también es su primer largometraje –desarrollado por el cineasta camboyano Kavich Neang, el cual lleva por nombre ‘Last night I saw you smiling’ (Traducida tal cual en México como ‘Anoche te vi sonreír’). La cinta trata acerca de las 493 familias que serán próximamente desalojadas del Edificio Blanco, un espacio construido en 1963 y otrora reconocido como ejemplo de vivienda sustentable de bajo costo y de la nueva arquitectura Khmer, ya que ha sido recientemente vendido a desarrolladores japoneses, por lo que será demolido. Estas familias, numerosas y con una economía precaria, recibirán un subsidio para que puedan encontrar otro hogar, pero éste es insuficiente y llegará mucho más tarde de lo requerido, por lo que observamos cómo tratan de ingeniárselas para salir de este problema mientras nos muestran su día a día, centrándose en las tres familias protagonistas, una de las cuales es la del propio director de la película.

‘Anoche te vi sonreír’, es, antes que nada, el ejemplo perfecto de lo mencionado acerca de las mudanzas. Neang nos muestra en primer plano – porque también se encarga de la fotografía – los rincones, desvencijados y estrechos, de un edificio que ha visto épocas mejores, pero la ruina del tiempo ha hecho mella en él. Sus habitantes han atiborrado estos espacios, ya de por sí pequeños, calurosos y claustrofóbicos, con un sinfín de objetos que dicen más de lo que se nota a simple vista: papeles, fotografías, diplomas, ropa, juguetes; cada cosa, por silenciosa y abandonada que parezca, cuenta la historia de sus dueños, personas para quienes sus seres queridos son lo más importante, que cargan una pena grande al no poder cobijarlos de esta injusticia. Aunado a estas concretas y desmoralizadoras imágenes, los recuerdos de los inquilinos acerca de lo que el Edificio Blanco solía ser traen a la mente del espectador lo que la ciudad de Phnom Penh ya vivió anteriormente en el régimen de Pol Pot, aquel infame periodo en que se asesinó a más de un cuarto de la población, entre 1975 y 1979, demostrándonos que el gobierno no aprendió de su pasado, aquél en el que la gente también fue inhumanamente desalojada, y que dejó una huella imborrable en los habitantes de hoy.

El cine nos permite acercarnos a la historia de lugares que nunca hemos visitado y cuya idiosincrasia no conocemos, y esa es una de sus características más bellas y mágicas. La memoria fílmica permitirá que recordemos al Edifico Blanco y a su gente, la importancia de su legado y lo que representó para una capital y un país completos. Con un par de canciones en honor a su recuerdo y el ruido sempiterno de ventiladores que nunca refrescan lo suficiente, ‘Last night I saw you smiling’ nos dio la oportunidad, por un ratito, ser un miembro más de esta arquitectura que se sentía viva, que respiraba, latía y soñaba gracias a cada persona que vivió ahí. Fuimos un miembro más de la comunidad hasta el final de la cinta, cuando todo se iba desmoronando, en el que Kavich Neang nos mostró una luz al final del pasillo.

Avance de Anoche te vi sonreír

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.