Reseña de Mi Perro Tonto

Hay montones de películas que tienen perros como personajes principales, y la gran mayoría de ellas son siempre bonitas lecciones de humanidad y calidez. Pensando ejemplos a bote pronto, Marley & Me (2008) y A Dog’s Purpose (2017) son un par de cintas donde el can en cuestión tiene como misión tácita conmover a la audiencia, y así regalarle a la misma una “feel-good movie”. Dado que este cliché se ha sobreexplotado, encontrar un filme en el que el perro no es un encantador cachorrito ni una mascota súper obediente resulta de lo más refrescante y provocador.

Este es el caso de la película traída este año a México por el Tour de Cine Francés, dirigida por el cineasta Yvan Attal, llamada Mon Chien Estupide (traducida acá como Mi perro Tonto y como Buenos Principios en España). Esta cinta nos muestra la vida de Henri Mohen (interpretado por el propio Attal), quien es un escritor frustrado, ya que tuvo un best-seller hace 25 años –que le permitió comprarse un Porsche y una bella casa en las playas francesas -, pero desde entonces no ha podido crear una obra que tenga un éxito similar. Comparte sus días con su esposa Cécile (Charlotte Gainsbourg), que es una ama de casa asidua al vino y los antidepresivos, y con sus cuatro hijos: Raphaël (Ben Attal), un joven consumidor de estupefacientes que tiene una sórdida relación amorosa; Pauline (Adéle Wismes), una joven inmadura cuyo novio es un soldado; Noé (Pablo Venzal), un chico estudioso preocupado por el ambiente; y Gaspard, un surfista rebelde y altanero.

A la ya locura usual que se respira en esta casa se sumará un mastín napolitano maleducado y maloliente, que llega de la nada durante una noche lluviosa y se resiste a irse, por lo que los Mohen no tendrán más remedio que adoptarlo. Esta nueva mascota, a quien por su brusquedad y reticencia deciden llamar Tonto (Estupide en su idioma original), será para ellos –y, sobre todo, para nuestro protagonista- un parteaguas que los ayuda a entender los cambios, las crisis y las formas de liberación.

Mi perro Tonto está basada en el libro homónimo escrito por el afamado autor John Fante, y retrata de manera honesta, sin intentar maquillar o atenuar en ningún momento, cómo las relaciones familiares pueden llegar a desgastarse. Henri cuenta en reiteradas ocasiones que sus hijos le han quitado gran parte de su inspiración para escribir, que está cansado de la forma dependiente y comodina que tienen de vivir y de tratar a sus padres. Acepta también que su amor por Cécile sigue existiendo, pero se encuentra quizá ya demasiado cargado de resentimientos y aburrimiento.

Conforme sus hijos, que ya todos son adultos, empiezan a irse de la casa, estará en manos de la pareja redefinir qué son y hacia dónde va lo que tienen, ya ella anhela volver a París mientras que él sueña con escribir en Roma. Para lograr esta química, que es complicada e intensa por igual, no puede haber mejor dupla, ya que Yvan Attal y Charlotte Gainsburg llevan siendo pareja en la vida real casi 30 años, así que lo que proyecta en pantalla se siente en todo momento natural y veraz.

Bellamente musicalizada por Brad Mehldau, quien interpreta en piano varias piezas de Radiohead, Mi perro Tonto es una gran lección de vida. Nos enseña que no todos los libros tienen que ser un éxito, que no todos los matrimonios son perfectos, que no todos los perros tienen que ser enternecedores, y no todas las paternidades deben ser enaltecidas. A veces sólo nos queda aceptar nuestros errores y avanzar a partir de ellos, dejarnos llevar por la corriente y agarrarnos de nuestro instinto: No hay nada más humano que eso.

Avance de Mi Perro Tonto

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.