Lucky, una vida revelada en la contemplación

Hay mucho encanto en la personalidad de Lucky. Es un hombre de 90 años poco parlanchín y algo testarudo que pasa sus días en la costumbre y la comodidad de su soledad: Hace sus ejercicios matutinos, escucha música tradicional mexicana, riega sus plantas, visita la cafetería en la que todos sus integrantes lo conocen y lo tratan como a uno más del grupo. Por las tardes asiste al bar local por un Bloody Mary y vuelve a su casa a ver programas de concurso en la tv. La rutina le va muy bien a Lucky, hasta que un día, observando el reloj de su cafetera, cae desmayado.

A partir de este suceso, y a pesar de que el doctor de dice que la razón no es grave, Lucky comienza un viaje introspectivo en el que fluyen sus recuerdos de juventud y su preocupación por el futuro, teme a lo que es inevitable y desconocido, no sabe qué será de él cuando muera. En este despertar filosófico lo acompañan los mismos personajes que aparecen diariamente en sus quehaceres: Los meseros que le sirven el desayuno, sus amigos asistentes al bar, las personas que lo atienden en los locales y un par de animales de compañía junto a otros que no lo son tanto. Todos están ahí para aportar un poco más a su experiencia, aunque él no se dé cuenta.

Lucky fue estrenada en 2017 y fue también la primera película que dirigió John Carroll Lynch, quien ya tenía suficiente conocimiento de la industria gracias a su larga carrera como actor. Ya que Lucky es una película que carga todo su peso en el protagonista, es un acierto enorme de John elegir al legendario Harry Dean Staton (Paris, Texas; Twin Peaks) para interpretarlo. Sataton le da vida maravillosamente a este hombre lento y tranquilo pero seguro de sí mismo, que se siente igual de cómodo peleándose con un asegurador más joven que él (Ron Livingstone) que platicando con su amigo Howard (David Lynch) acerca de una tortuga desaparecida. Aprovecha las escenas de silencio para proyectar en su rostro una profunda reflexión, y cuando dialoga con el resto de sus cohabitantes podemos ver en sus palabras el descubrimiento de prejuicios de los que busca deshacerse, de memorias que prevalecen en su corazón y tienen un significado, y cuando habla a través de un teléfono fijo de color rojo nos hace preguntarnos no sólo acerca de la identidad de su interlocutor, sino cómo logró esa persona generar en Lucky tal nivel de confianza y paz.

Poco después de haber terminado esta película Harry Dean falleció, teniendo un año menos de los que tenía su personaje. Lucky quedó entonces como un homenaje a su carrera, talento y recuerdo. Aprendimos de su trayectoria y de este papel que la sabiduría que adquirimos con los años debe ser valorada y cuestionada, porque hay que exprimir esas vivencias para sacarles lo mejor a todas. Al final de nuestros días ya no importa si estamos acompañados o solos, si las personas que estuvieron en nuestros inicios se fueron o aún están es lo de menos: Lo que somos, lo que pasamos y nuestra personalidad son todo lo que debe importarnos. Y por supuesto, conduzcámonos hasta el último de nuestros días con sonrisas, canciones y un toque de rebeldía.

Avance subtitulado de Lucky

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.