Los Lobos, una película con profundidad y belleza

La oportunidad de contar una historia nunca es una cosa menor. Menos aún en el caso del cine, ya que la cantidad de personas involucradas y los recursos utilizados son sin duda un aliciente para entregar un producto con alma y calidad. Es por esto que, a la hora de elegir cuál será la sustancia de lo que va a contarse, debe hacerse con cuidado y conciencia, siempre dándole respeto y haciéndolo con cariño.

En el caso del director mexicano Samuel Kishi (Somos Mari Pepa), su inspiración para realizar su segundo largometraje fueron su madre y su infancia: de acumular y desmenuzar sus propios recuerdos y los de su hermano, logró crear una bella cinta que lleva por nombre Los Lobos. Los Lobos es la historia de Leo y Max (Leonardo Nájar y Maximiliano Nájar) y su mamá, Lucía (Martha Reyes), quienes emigran de Ciudad Juárez para establecerse en un barrio de Albuquerque, en busca de una vida mejor.

Es así como se instalan en un espacio chiquito y precario, con apenas algunas cobijas y un colchón, que se convertirá en el único entorno para los hermanos: Ahí tendrán que esperar, día con día, a que su madre regrese de trabajar. No pueden salir ni hacer amigos, así que se entretendrán con las poquitas cosas que hay en su hogar, incluyendo crayones, las paredes, y una grabación que les ha dejado su madre con palabras en inglés para que aprendan un poco del idioma, y, de paso, para que no la extrañen tanto. Veremos entonces cómo esta familia, contra todo pronóstico, intentará salir adelante y no dejarse devorar por las dificultades que se presentan al intentar conseguir el famoso “sueño americano”.

Premiada en el Festival de Cine de Berlín, Los Lobos nos remite, de una muy bonita forma, a Vuelven (Issa López, 2017) y a The Florida Project (Sean Baker, 2017). Vemos a un par de niños que no saben bien por qué tienen que vivir de una forma tan pobre y ni por qué tienen que estar encerrados; sin embargo, esto no merma ni su imaginación ni sus ganas de divertirse. Es así como observamos que, gracias a su inocencia, su creatividad y a su enorme anhelo de conocer el parque temático de Disney –que ha sido la promesa principal de su mamá-, no se sienten ni desamparados ni a la deriva, aguantando diariamente la ausencia de Lucía y las vicisitudes que sus circunstancias les presentan.

El lado amargo de la narrativa –que afortunadamente nunca cae en la exageración ni en la pornomiseria- se ve a través de las vivencias de la madre: Duerme lo mínimo, no le alcanza con un solo trabajo, se enfrenta a rentas desproporcionadamente costosas y come aún menos de lo que puede proporcionarle a sus hijos. Nos recuerda que, aun cuando la migración representa siempre una oportunidad de mejorar, los obstáculos se presentarán, uno tras otro, aunque parezca que ya todos han sido superados.

Para lograr la veracidad de su personaje, la actriz Martha Reyes entrevistó a mujeres migrantes de la zona, e incluso limpió casas allá. Por su parte, los niños que protagonizan el filme muestran una química natural que los sincroniza, en gran parte debido a que en la vida real también son hermanos. El guión también corrió a cargo de Samuel, co-creado con la directora de la gran cinta Los años azules, Sofía Gómez Cordova. Si a esto le añadimos que la película fue musicalizada por Kenji Kishi, el hermano del director y uno de los testigos principales de lo que éste vivió, entendemos por qué Los Lobos es un producto integral, con profundidad y belleza, que le genera a su audiencia una calidez inesperada. Su mensaje es claro: Cuidémonos y querámonos en manada, y defendámonos como tal.

Avance de Los Lobos

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.