‘Just Mercy’ un llamado a la empatía

Just Mercy, drama legal protagonizado por Michael B. Jordan, Jamie Foxx y Brie Larson fue elegido por el mismo Barack Obama, ex presidente de Estados Unidos, como una de sus películas favoritas del 2019. Aún continúa exhibiéndose en salas comerciales mexicanas bajo el título Buscando Justicia. Consulta tu cartelera local.

Hoy día, la palabra empatía pareciera estar en boca de todos. Definida como “la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos” por la Real Academia Española, cada vez más personas argumentan que solamente a través de la empatía podemos construir el camino hacia una sociedad equitativa, conciliadora y justa. No obstante, la empatía es más difícil de practicar que de proclamar.

En la vida real, el proceso empático es sumamente complejo ya que como seres humanos nos inclinamos a creer y compartir las experiencias de aquellas personas cuyas identidades son más parecidas a la nuestra por cuestiones de género, orientación sexual, nacionalidad, raza o afiliación religiosa. Lograr ser realmente empático por alguien fuera de nuestro grupo es uno de los ejercicios de deconstrucción más complicados para un individuo puesto que significa abandonar la comodidad de un sistemas de creencias para validar experiencias de los otros, especialmente cuando nuestro grupo es el dominante.

Uno de los privilegios más grandes que un ser humano puede tener es afirmar que existe una verdadera equidad social, por lo que nos cuesta asimilar la existencia de un fenómeno como el racismo institucional existente en Estados Unidos. Ninguna minoría está exenta de sufrir un atropello a sus derechos humanos en territorio estadounidense debido a la infraestructura social que obstaculiza su desarrollo. No obstante, las personas de raza negra son quienes más sufren las consecuencias de una segregación social disuelta hace aproximadamente 60 años… El equivalente histórico a un pequeño suspiro.

Las probabilidades de que un afrodescendiente pueda mejorar sus condiciones de vida son bastantes bajas debido a que las oportunidades de acceso a educación de calidad, trabajos de alta especialización y viviendas dignas han sido limitadas por las mismas instituciones encargadas de proveerlas. Esto, a su vez, ha originado los altos índices de pobreza y criminalidad en las comunidades afroamericanas que se han convertido también en un obstáculo para la impartición de justicia: existe una alto número de casos de brutalidad policíaca hacia los sospechosos de raza negra, inmediatamente se asume la culpabilidad de un presunto implicado de color, se les otorga sentencias mucho más largas y duras, así como son encarcelados de manera masiva, incluso por delitos menores. Este último tema es explorado con mayor profundidad en el documental nominado al Óscar 13th (Ava DuVarney, 2013).

Precisamente dentro de este contexto difícil de digerir e incómodo de aceptar debido a la ceguera que nuestro propio privilegio nos otorga, una película como Just Mercy, basada en una historia real, que resuena con mayor impacto. El cuarto largometraje de Destin Daniel Cretton, conocido por sus colaboraciones previas con Brie Larson (Short Term 12 y The Glass Castle) es un poderoso llamado a la empatía, pese a sus propias limitaciones derivadas de su abordaje conservador.

El 1° de noviembre de 1986, un asesinato conmovió a la comunidad de Monroeville, Alabama. Una joven de tan solo 18 años, Ronda Morrison, había perdido la vida al ser acribillada por la espalda mientras trabajaba en una tintorería local. Debido a la poca evidencia dentro de la escena del crimen, así como a la casi nula confiabilidad de los testigos, medio años después del hecho la policía del poblado aún no había sido capaz de identificar y arrestar a un sospechoso. Ante la presión de la opinión pública, el recién electo sheriff Tom Tate (Michael Harding) arma un caso para acusar a Walter “Johnny D” McMilian (Jamie Foxx), un hombre de raza negra completamente inocente, cuya presencia en una fiesta de recaudación de fondos a varios kilómetros de la tintorería era respaldada por muchos testigos, incluyendo un policía.

Pese a eso, dos declaraciones de fuentes dudosas fueron suficientes para que Johnny D recibiese la pena capital por el atroz crimen que no cometió.

Esperando su fecha de ejecución en el llamado “corredor de la muerte”, Johnny D encuentra una última esperanza para probar su inocencia en un joven abogado idealista recién egresado de la escuela de Derecho de Harvard, Bryan Stevenson (Michael B. Jordan), creador de una naciente organización llamada Equal Justice Initiative (EJI, Iniciativa para la Justicia Social) cuyo principal objetivo es abogar por personas injustamente encarceladas y sin los recursos suficientes para pagar una representación legal adecuada.

Tomando como fuente para la adaptación del caso el libro Just Mercy: A Story of Justice and Redemption (Solamente Compasión: Una Historia de Justicia y Redención), escrito por el mismo Stevenson, Just Mercy es un relato audiovisual que busca despertar la empatía y compasión de los espectadores mediante la reflexión de su definición de justicia creada a partir de su propio privilegio. No obstante, Cretton, quien también funge como guionista, tomo pocos riesgos al adaptar el material resultado en una estructura narrativa un tanto predecible, pero lo suficientemente efectiva para capturar la atención de espectador.

Otra debilidad narrativa que se puede encontrar en el argumento de Just Mercy es la simplificación de sus antagonistas, la mayoría de ellos blancos y sumamente racistas en sus pequeñas o grandes intervenciones. Desafortunadamente, cuando la intolerancia de una persona se convierte en su principal característica es complicado ver más allá de eso. ¿Alguno de ustedes aún considera a Donald Trump como un exitoso hombre de negocios después de sus declaraciones racistas durante su campaña y posterior mandato presidencial? Ése es exactamente mi punto.

Sin embargo, esa sencillez en la narrativa es olvidada cuando cada uno de los diálogos y situaciones en Just Mercy son elevadas por la fuerza interpretativa de sus protagonistas. Michael B. Jordan muestra su faceta más vulnerable, la misma que lo caracterizó en Fruitvale Station (Ryan Coogler, 2013) para dar vida a Stevenson, un hombre que constantemente confronta su idealización del mundo con la realidad mientras busca esas declaraciones, esos errores, esa violación de derechos en el procedimiento legal contra Johnny D. Por otro lado, Jamie Foxx nos regala un desgarrador retrato de un hombre que ha perdido toda esperanza durante su larga estadía en prisión, pero que al mismo tiempo se esfuerza para mostrar compostura y fortaleza ante sus compañeros en el pasillo de la muerte. El conflicto interno de Johnny D obliga a que Foxx entregue una de sus mejores actuaciones en años, la única que de haber sido reconocida durante la temporada de premios habría significado una competencia real al Cliff Booth de Brad Pitt en Once Upon a Time… In Hollywood (Quentin Tarantino, 2019) en meros términos de fuerza interpretativa.

Otras dos actuaciones secundarias que comandan la atención del espectador cada vez que aparecen son las de Brie Larson, recordándonos porque es ganadora del Oscar, como Eva Ansley, la mujer que se convirtió en la jefa de operaciones de EJI y Tim Blake Nelson como Ralph Myers, un nombre sumamente importante en el caso contra McMilian armado por el sheriff Tate. Es de notar la caracterización de Nelson.

Con un logro técnico reminiscente a Green Book (Peter Farrelly, 2018), la ganadora del Óscar del año pasado que ya nadie recuerda, Just Mercy es un drama que apuesta a los convencionalismos que por momentos asoma destellos de genialidad de su director y guionista, así como de su cinematógrafo Brett Pawlak. Al igual que muchas de las películas reconocidas en esta temporada de premios, la película es elevada por la pasión de los actores en roles protagónicos. Pese a estas características, Just Mercy pasó completamente desapercibida en esta awards season. Quizás sea porque su premisa nos recuerda que la justicia no es ciega, sino que solamente ve lo que le conviene. Quizás porque la cinta nos hace notar que Walter McMilian apenas habría cumplido 27 años en libertad tras una sentencia a muerte completamente injusta. Quizás porque la película es una historia de negros que desafía la perspectiva privilegiada de la élite de Hollywood…

O quizás simplemente porque Just Mercy nos reta a darnos cuenta de que el racismo todavía no se ha extinguido por completo, llamándonos a la empatía En las primeras líneas de su ensayo White Privilege: Unpacking the Invisible Knapsack, Peggy McIntosh escribe lo siguiente: “Me enseñaron a ver el racismo solamente como actos mezquinos e individuales, no como un sistema invisible que le otorga el dominio a mi grupo”. Esa es una conversación que, como sociedad, no estamos preparados para tener precisamente por nuestra falta de empatía.

Avance subtitulado de Just Mercy

La Xime
Tan solo he pasado 25 años perfeccionando el arte de ser un remedo de escritora. Perdidamente enamorada del cine y la televisión, si no tengo un lápiz en la mano seguramente estoy twitteando opiniones poco populares.