Ícaro, los deportistas olímpicos que volaron demasiado alto

En la mitología griega, Ícaro es uno de los personajes que todos, al menos en algún momento, hemos escuchado. Era aquel joven que, al recibir alas por parte de Dédalo, su padre, ignoró los consejos que este le dio y decidió volar demasiado cerca del sol, por lo que sus alas se quemaron y murió al caer en el mar. Lo trágico de su historia se ha utilizado muchas veces como metáfora para explicarnos cómo la ambición desmedida o las metas imposibles pueden hacer que tomemos decisiones equivocadas, que seamos impulsivos o que prefiramos elegir el lado oscuro al enfrentarnos a un dilema.

Sabiendo este contexto, es imposible que exista un nombre más apropiado para el documental del director estadounidense Bryan Fogel, que fuera ganador del Oscar a Mejor Largometraje Documental en el 2017. Ícaro nos cuenta esencialmente la historia de Grigory Ródchenkov, quien fuera director del Centro Antidopaje de Moscú y se viera directamente implicado en el escándalo de dopaje que vivió el comité ruso en los Juegos Olímpicos de Sochi 2014, en donde se comprobó que se habían cambiado muestras de orina con el fin de que los atletas salieran limpios en las pruebas y pudieran brillar en la competencia, lo que además de dar alegrías a su país pondría a Putin nuevamente en una calificación alta por parte de los ciudadanos.

Ícaro está dividida en dos partes. La primera tiene como protagonista al propio Bryan Fogel, quien, al querer competir nuevamente en una muy difícil competencia de ciclismo llamada Haute Route en Suiza, con el fin de obtener un lugar más alto contacta a un especialista para que le diseñe un programa con el que pueda utilizar testosterona y hormonas para mejorar su desempeño y no se notara en los exámenes antidopaje que tuviera que presentar. Es así como, después de algunas llamadas con varios especialistas, acaba conociendo y haciéndose amigo de Grigory. La segunda parte empieza cuando Ródchenkov ya no es sólo el encargado de asesorar a Fogel, sino la persona que tiene una enorme historia detrás que viene desde su juventud, cuando su madre le inyectaba sustancias para destacar en los deportes que practicaba. Una vez que este hombre crece y avanza en una exitosa carrera, utiliza sus conocimientos para ayudar a los atletas rusos a consumir las drogas que les ayudarían a ser ganadores y batir récords, sabiendo también cómo hacer que no se note y cuánto tiempo se requiere para modificar los resultados. Viene entonces el twist de la historia: Grigory decide confesar todo y poner en peligro su vida y la de su familia, todo para desenmascarar un fraude que no se trata solamente de un escándalo deportivo (que ya de por sí era bastante grave), sino uno político y de carácter mundial.

Este documental nos lleva a preguntarnos qué tanto podemos ser empáticos con un hombre que ha sufrido pero que también ha hecho el mal, no podemos decir fácilmente si merece el asilo o el castigo. Su valentía por momentos se siente más como un escape, y Fogel tiene el acierto de retratarlo como lo que es: un humano con aciertos y fallas.

En todos los involucrados en esta historia observamos un nivel de corrupción sorprendente, y no podemos evitar desear que, al menos a aquellos que se superan en maldad, se les quemen las alas como a Ícaro, al menos un poquito.

Avance subtitulado de Ícaro

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.