FAREWELL AMOR, la distancia emocional detrás de un anhelado reencuentro familiar

“Farewell Amor” formó parte de la selección oficial en competencia (drama estadounidense) del Festival Sundance 2020, adjudicándose el Premio a Mejor Producción y una nominación al Gran Premio del Jurado. Desde el 18 de diciembre puede encontrarse como una exclusiva de la serie Debuts en el catálogo de MUBI Latinoamérica.

Aquellos que hemos experimentado una separación física de nuestros seres queridos, en más de una ocasión hemos encontrado cierto consuelo para nuestros momentos más vulnerables en la frase “home is where you heart is”. Traducida como “el hogar se encuentra donde reside el corazón”, esa pequeña frase tan contundente brinda esperanza de que la distancia no daña esos vínculos tan preciados, tan frágiles, con aquellos que se encuentran lejos de nosotros. Incluso, me atrevo a afirmar que es una promesa de una reunión feliz, un lazo que no fue afectado en absoluto por el tiempo transcurrido desde el día que nos fuimos…

No obstante, Farewell Amor – ópera prima de la directora tanzano-estadounidense Ekwa Msangi – desafía este ingenuo ideal, esa fuerza que nos hace creer que es incondicional y trasciende más allá de las fronteras físicas, en una compleja y ambiciosa narrativa sobre el (in)esperado reencuentro de una familia angoleña en Nueva York tras 17 años de separación que cuestiona dónde se encuentra realmente ese corazón, ese hogar.

Inspirada por una historia familiar y los diferentes escenarios derivados de ella, Msangi divide Farewell Amor en tres capítulos para explorar a profundidad la psique de sus protagonistas, así como sus dificultades para comunicarse y conectar con el otro, partiendo desde el primer instante que comparten: los desesperados e incómodos abrazos en la sala de llegadas de un frío aeropuerto, una reunión agridulce entre un trío de extraños con buenas intenciones que buscan convertirse en la familia que su apellido compartido sugiere.

Han transcurrido casi dos décadas desde que Walter Santos (Ntare Mwine, The Chi) dejó atrás la conflictiva Angola, así como su recién formada familia, en búsqueda del sueño americano para que sus seres queridos aspiren a una mejor vida en territorio estadounidense. Año tras año, la tan anhelada reunión con su esposa e hija se convirtió en un deseo imposible por su complicada situación financiera, sobreviviendo a duras penas como taxista, y las trabas migratorias para conseguir el traslado legal de su familia. Sin embargo, después de una larga espera, finalmente se encuentra compartiendo el pequeño espacio de su departamento de una recámara con Ester (Zainab Jah, Deep State), una religiosa esposa a la que apenas reconoce, y Sylvia (la debutante Jayme Lawson), una hija adolescente aun rencorosa de su repentina aparición en su vida.

Pese a que Farewell Amor podría fácilmente optar por centrar su narrativa alrededor de Walter, el ecuánime patriarca que ha asimilado la cultura estadounidense, para examinar los conflictos surgidos de su desapego hacia las dos mujeres que ha utilizado como motivación por tanto tiempo, la cinta da la misma importancia a los puntos de vista de Sylvia y Ester, una madre e hija que han tenido que desplazarse del lugar que llamaban hogar para convivir con un completo desconocido. La trama, sumamente mundana, posee pocos acontecimientos importantes que son repetidos en cada uno de los capítulos individuales desde una perspectiva diferente para dimensionar aquellos personajes que inicialmente pueden verse simples: el recto Walter no es más que un hombre solitario en búsqueda de afecto, la taciturna Sylvia ha tenido que aprender a ocultar su verdadera pasión para no lastimar a la persona que siempre la ha cuidado mientras que Ester, quien camina la delgada línea entre devoción y fanatismo religioso, ha encontrado en el cristianismo un refugio para protegerse de la soledad y los horrores que ha presenciado a lo largo de su vida.

Es precisamente en esta estructura donde Farewell Amor encuentra su mayor fortaleza al convertir al espectador en un testigo íntimo de este turbulento viaje emocional de sus personajes para encontrar ese vínculo que los una como miembros de una fragmentada familia, abandonando en el proceso sus idealizaciones y expectativas del otro. No obstante, por momentos la cinta se transforma en un melodrama al manipular emocionalmente a la audiencia y encontrar soluciones sumamente sencillas para problemas complejos. Si bien el final de la cinta tiene cierto realismo en lo abierto a interpretaciones que es, no se siente tan bien ejecutado por la torpeza de las decisiones narrativas que amenazan con destruir el cuidadoso desarrollo.

Otro aspecto positivo de Farewell Amor es mostrar la Gran Manzana desde los ojos de inmigrantes africanos. El glamour de la ciudad desaparece por completo mientras su frenético ritmo aliena a los nuevos residentes de los barrios bajos de la enorme ciudad. El New York retratado por la lente de Bruce Francis Cole es apagado, un tanto atemorizante y carente de tiempo para las preocupaciones individuales. No obstante, la ciudad es un personaje secundario en comparación con el departamento de Walter, un espacio tan reducido que se siente asfixiante con los planos tan cerrados abundantes en la cinta.

Desafortunadamente, Farewell Amor tropieza en otros apartados técnicos, un descuido que puede considerarse como un error de principiante de su directora primeriza. Algunas de las secuencias editadas por Jeanne Applegate y Justin Chan se sienten bastante forzadas e incluso llegan a afectar el ritmo de la cinta que camina entre la contemplación y la lentitud. Por otro lado, pese a que la musicalización es excelente, hay algunas interrupciones en las piezas más vibrantes para rellenar los silencios con composiciones más genéricas que no aportan valor a la trama. Hay un momento en específico en el clímax de la película en que la interrupción de la música en la escena corta su momentum narrativo.

Pese a sus fallas técnicas, Farewell Amor es una película que, como sus personajes, cuenta con las mejores intenciones al enfocarse en las dificultades de la migración legal y la imposibilidad de dar respuestas a preguntas como ¿qué es un hogar? ¿qué es el amor? ¿qué es aquello que nos une en realidad? El debut de Msangi como directora de largometrajes vale la pena por su cuidadosa construcción de personajes, aquellos que no dejan de hacerse esas preguntas mientras navegan por sus tenues relaciones familiares. Es importante mencionar que Jayme Lawson aparecerá en The Batman (Matt Reeves, 2022) como Bella Reál, personaje inédito para la mitología del Caballero de la Noche, papel que desempeñará de manera interesante si explota el potencial demostrado en esta cinta.

Avance subtitulado de Farewell Amor

La Xime
Tan solo he pasado 25 años perfeccionando el arte de ser un remedo de escritora. Perdidamente enamorada del cine y la televisión, si no tengo un lápiz en la mano seguramente estoy twitteando opiniones poco populares.