Estanislao de Alejandro Guzmán

Las películas en blanco y negro poseen la belleza de potenciar las profundidades de nuestra mente sin que nos demos cuenta: permiten que imaginemos sus colores de acuerdo a nuestros recuerdos y asociaciones, nos referencia elementos oníricos y pesadillescos, y también puede remitirnos a las épocas antiguas del cine, especialmente a aquellos largometrajes avocados a la tristeza, a la nostalgia, e incluso a lo sobrenatural.

Visto desde estos contextos, es un gran acierto que el director mexicano Alejandro Guzmán haya elegido este formato -de la mano del cinematógrafo Alfredo Altamirano- para filmar su segundo largometraje, que lleva por nombre ‘Estanislao’. Esta cinta tiene como protagonista a Mateo (Raúl Briones), un joven que ha vuelto a la Ciudad de México después de 15 años debido a la muerte de su madre. Llega entonces a casa de Orlando (José Concepción Macías), su padre, quien cuida gallinas y acostumbra a beber en demasía. Mateo se verá confrontado con esta realidad familiar al mismo tiempo que trata de establecerse nuevamente ahí, buscando empleo e intentando convencer a su esposa de que venga con él. Sin embargo, detrás de estas dificultades se encuentra con un miedo mayúsculo: Entre las paredes de la casa que ahora habita se encuentra Estanislao, un ser que lo ha aterrorizado desde la infancia.

Después de haber dirigido la muy bonita ‘Distancias Cortas’ (2015), Alejandro Guzmán presenta una cinta completamente opuesta su ópera prima. Al ya haber trabajado con la guionista Itzel Lara, tuvo la confianza de acercarse a ella para expresarle su interés de realizar una película en donde uno de los personajes principales fuera un monstruo (teniendo en la cabeza la idea de un cómic llamado ‘Ombligo sin fondo’), y juntos comenzaron a crear a una criatura que diera suficiente miedo no sólo por su apariencia, también por la incertidumbre que genera su secretismo dentro de una familia aparentemente común. Para lograr que el thriller haga mayor mella en el público, tuvieron a bien filmar en una fábrica semiderruida, que se convierte en un personaje más de la película gracias a sus recovecos, por donde la cámara se asoma como si vigilara a los personajes, espiando cual si fuera el propio Estanislao. Este ambiente tenebroso se complementa a la perfección con la música de Giorgio Giampà, cuyos tonos lúgubres nos recuerdan a los filmes clásicos de suspenso.

Además de la lectura proveniente de lo sobrenatural y el terror, ‘Estanislao’ muestra también una realidad de la población adulta en México, que actualmente sufre de precariedad laboral y constantes obstáculos para encontrar mejores oportunidades. Mateo es un hombre en plena juventud que se ve constantemente frenado en el crecimiento que busca, y, aunque uno pensaría que cambiarse a una gran urbe le abriría las posibilidades, la verdad es que termina constantemente ahogado por trabajos mal pagados y gastos que lo sobrepasan. A pesar de que su padre posee el negocio familiar, éste tampoco da para mantenerlos, ni a ellos ni a aquello que vive en los sótanos de la fábrica.

¿Qué es exactamente Estanislao? ¿Es un monstruo, una leyenda, un mito o un producto de la imaginación? ¿Es tal vez una persona bajo un disfraz? Las respuestas vienen a cuentagotas en la trama. Guzmán nos va revelando a fuego lento las explicaciones para todas nuestras dudas, dejándole espacio también a la interpretación y el bagaje personal de cada espectador. Experimental y aterradora, esta cinta merece ser apreciada en cada uno de sus detalles y estética con la mayor concentración posible. Ojalá que los regresos al cine permitan que podamos vivirla en pantalla grande, justo como su director y el cartel inicial lo solicitan.

Avance de Estanislao

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.