miércoles, septiembre 22, 2021
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Esperando a los Bárbaros: “La verdad es dolor”

Deberías saber que Esperando a los Bárbaros (Waiting For The Barbarians) es una película interesante sobre el colonialismo y las preguntas morales que plantea. Pero se cuece a fuego lento. El director colombiano Ciro Guerra encabeza esta valiente adaptación de la novela de J.M. Coetzee (con un guion escrito por el mismo autor) acompañado de Mark Rylance, Johnny Depp, Robert Pattinson y la actriz mongola Gana Bayarsaikhan.

Esperando a los Bárbaros se cuenta en cuatro capítulos: Verano, Invierno, Primavera y Otoño. Comenzamos en verano, con un cuadro deslumbrante de un paisaje desértico y montañas cubiertas de nieve a lo lejos.

Aquí es cuando conocemos a “el magistrado” interpretado por un épico Mark Rylance, que sirve a un Imperio sin nombre en un tiempo no definido en la frontera de un país sin nombre. Este líder del pequeño bastión militar es un hombre humilde, amable, no violento y generoso, el último que asociarías con las comunes prácticas militares y mucho menos con los conceptos del colonialismo. En su tiempo libre, explora su lado antropológico y arqueológico, recolectando objetos y reliquias de épocas pasadas, como una versión antigua de un zapato de bebé, que maneja con tanta delicadeza como seguramente lo hicieron los padres del recién nacido. El magistrado encarna físicamente a un ermitaño. Los nativos de esas tierras lo aprecian y él los respeta y reconoce como valiosos seres humanos.

Estos nativos o bárbaros, son el principal objetivo del Coronel Joll (un sádico Johnny Depp), un representante extremadamente siniestro del Imperio que aparece un día para investigar rumores de una posible insurrección. “El dolor es la verdad. Todo lo demás está sujeto a dudas”, afirma Joll con frialdad y ambigüedad a el magistrado desconcertado sobre el motivo de su llegada. Aprenderá rápida e irónicamente, que la verdad es dolor.

El Coronel pronto se pone a trabajar, interrogando en privado a dos presos (presuntamente inocentes) de un delito menor y mediante el uso de violentas torturas obtiene la verdad que desea: Las tribus se están armando contra el Imperio y tendrá que ir en busca de más verdad. Es aquí cuando todo escala rápidamente a verdaderos crímenes de guerra. Una poderosa bola de nieve que el magistrado, a pesar de su horror por las acciones del militar, no puede detener.

Esperando a los Bárbaros es esencialmente un experimento mental sobre la moral colonial. Obviamente, los invasores son en realidad los bárbaros. Lo que se encuentra en tela de juicio es si un buen hombre puede existir dentro del sistema invasor. Las discusiones en la película giran en torno a si los imperios deben conquistar constantemente o si deben ser benévolos y temporales. ¿Merecen las personas opciones, o merecen ser comandadas por aquellos que se consideran superiores? Waiting for the Barbarians es tranquila, lenta y muy novelística. Se habla mucho. Sin embargo, el hipotético imperio está representado con una impresionante mezcolanza de vestuario y diseño de producción.

La novela alegórica de Coetzee reflexiona sobre temas de poder, guerra, tortura, los males del colonialismo y la necesidad que tienen los humanos de demonizar a los demás para subyugarlos. Muchos han señalado paralelismos con nuestro mundo moderno. El mismo Guerra cuenta que la historia, que al principio parecía de otra época, “de alguna manera se transformó en una historia sobre nuestra época actual”.

Una novela como la de Coetzee invita a los lectores a completar los espacios en blanco. Sin embargo en una pantalla, tendemos a desear más especificidad. El resultado, junto con un ritmo demasiado lánguido, es una película que es intermitentemente fascinante y siempre interesante, pero menos potente de lo que podría haber sido, a pesar de la bella cinematografía de Chris Menges.

El principal punto débil de Esperando a los Bárbaros es haber promocionado la película con Depp y Patinson por delante. Depp se muestra aterrador como en pocas ocasiones lo hemos visto y a pesar de no poder verle los ojos gracias a unas gafas steampunk brinda una actuación física impresionante, sobretodo en su última participación. Por otro lado Pattinson se roba las pocas escenas en las que participa. Pero ese es el problema, el primero aparece pocos minutos al principio y Pattinson sólo al final, provocando en la audiencia una sensación de estar esperando por Pattinson, en lugar de esperar por los bárbaros.

El verdadero protagonista es el magistrado de Rylance, quien afortunadamente tiene muchos de los mejores dialogos, frases que se quedan grabadas en la mente, como esta: “No tenemos ningún enemigo que yo sepa. A menos que nosotros mismos seamos el enemigo”.

Avance subtitulado de Esperando a los Bárbaros

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