EMILY EN PARIS, ¿otra producción «ringarde»?

Estrenada el 2 de octubre de 2020, EMILY EN PARIS (Emily in Paris) ha llevado risas y diversión, pero también ha causado el desagrado de diversos usuarios de la plataforma Netflix, aunado a despertar la furia del país que representa; así es, el hogar de la Torre Eiffel: Francia.

¿Es esta producción un atentado a la cultura francesa y sus habitantes? ¿Una reproducción ofensiva y excesiva de estereotipos? ¿Debemos verla o no? Sigue leyendo, pero ten en cuenta mi  ALERTA DE SPOILERS .

La serie nos presenta a Emily Cooper -interpretada por Lily Collins-, una ejecutiva estadounidense que inesperadamente se muda a París al recibir una nueva oportunidad laboral. Su trabajo es relativamente simple, “llevar el punto de vista americano” a una conservadora empresa de marketing francesa. Más pronto que tarde, las culturas chocan, pues Emily está convencida de que su “visión”, es la única y más eficaz. Al mismo tiempo, la chica intenta adaptarse a los desafíos de vivir en una ciudad desconocida, sobreviviendo a las dificultades del trabajo, la aparición de nuevas amistades y los atropellos de su vida amorosa.

En un principio, todo es nuevo y emocionante. A medida que los capítulos avanzan, Emily va conociendo y adquiriendo relaciones con otros personajes, a su vez, que la historia se enriquece y engancha al espectador por una razón u otra.

En su esfera profesional tenemos a su superior Sylvie –Philippine Leroy-Beaulieu-, una mujer francesa que no duda en manifestar su desagrado por Emily apenas pone un pie en la firma, el por qué no es claro, sin embargo nuestra “La plouc” –“la campesina, la sin estilo”-, corre apagando incendios; casi siempre ocasionados por implementar su visión “ringarde” –“básica, no de buen gusto”- al mundo de la alta costura, la perfumería y la mercadotecnia francesa.

En lo que respecta a su esfera personal, Emily conoce accidentalmente a Gabriel -Lucas Bravo-, su vecino y primer amigo. La atracción es fuerte y mutua. Mientras Cooper lidia con todo, llega a su vida Mindy Chen -Ashley Park-, una joven proveniente de China que encuentra refugio de la rigidez de su padre en París trabajando como niñera. Rápidamente entablan una amistad y Mindy se convierte en la mejor amiga y confidente de Emily.

Más tarde, entrará en escena Camille -Camille Razat-, una chica francesa con quién Emily entabla amistad, para después darse cuenta que es la novia de Gabriel.

Giros, circos, maromas y teatros envuelven la trama de 10 episodios, lo que resulta medianamente satisfactorio para un espectador no tan exigente. Pese a las pequeñas sorpresas y múltiples momentos divertidos, el final resulta vago, predecible y decepcionante.

¿Es Emily Cooper una víctima de la cultura francesa? ¿Todos los extranjeros que visiten esta ciudad correrán con su misma suerte? A mi parecer, Emily es la verdadera antagonista de la historia, el diablo en tacones. Esta chica estadounidense es un ejemplo perfecto de lo que no se debe hacer.

“Mostrar el punto de vista americano”, es su doctrina de principio a fin, dispuesta en todo momento a “educar” a la comunidad francesa a su alrededor, poco o nada interesada en aprender de su cultura, sus costumbres, y no hablemos del idioma nativo (francés), ¿para qué? Hilarante y cínico, es percatarnos de que Emily forza a todos a hablar en inglés para su comodidad.

¡América para los norteamericanos Emily! Si quieres el modo americano, ¡vuelve a casa!

Estamos muy habituados a la reproducción de estereotipos, nosotros mismos los aplicamos cotidianamente, no obstante EMILY EN PARIS lleva esto a un nuevo nivel, cayendo en el mal gusto. Si bien, es conocido el disgusto de los franceses por diversos aspectos de la cultura estadounidense -el idioma inglés, los estampados en las prendas, el excesivo consumismo, la comida rápida, etcétera-, la representación que la producción hace de los parisianos y/o franceses en general, está muy alejada de la realidad.

Se habla a partir de la experiencia, desde lo que se conoce en una verdadera interacción con el otro. Los estereotipos no son más que obstáculos, barreras en la comunicación que imposibilitan el intercambio y la fluidez del encuentro. La máscara de rigidez, poco profesionalismo, pereza, intolerancia y hastío que los productores pusieron a Francia y sus habitantes, sólo deja en evidencia la “guerra” infantil entre una cultura y otra.

En cuanto a aspectos favorables, la serie cuenta con un elenco juvenil, agradable a la vista, liderado por la carismática Lily Collins. Las locaciones cumplen con su función, puedes sentirte sumergido en las calles de París, disfrutando un delicioso café con un “pain au chocolat”. El departamento de vestuario hizo excelentemente bien su trabajo, muy probablemente los outfits del personaje de Collins se volvieron ya una tendencia, un “must have” en el armario de toda mujer. Finalmente, resultan interesantes los pequeños datos culturales que la producción aporta, como la relación entre la copa de champán y el pecho de María Antonieta.

Un punto clave, es que puede trasladar al espectador a un universo lejos del confinamiento, el distanciamiento y los cubrebocas. Esta serie nos da la premisa de algo que actualmente es casi imposible: Una mujer que tiene la posibilidad de viajar a una ciudad repleta de arte, moda, gastronomía y mucha cultura. EMILY EN PARIS es una producción que no debes tomar enserio, pero si deseas escapar un momento de la rutina de la mano de una historia fácil de seguir, esta es la serie que debes ver.

Avance de Emily En Paris

Ave en Pijama
Ligera y fugitiva, ajena e imposible, creativa y romántica empedernida.Soy como un libro, aparentemente aburrido. No te das cuenta si está ahí o no, pero una vez que lo abres, te das cuenta, página a página, que escondo un secreto y guardo misterios, que no soy como pensabas, que tengo magia e imaginación, que estoy llena de inspiración y acertijos, pero no lo sabes, por eso te invito a leerme.Amante de la literatura y de las palabras. Mi pluma es mi arma.Aspirante a escritora.