El Hoyo, una metafórica visión de las clases sociales

El Hoyo, dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia es una ficción que no está nada alejada de la realidad, reflejando lo injusto que es el mundo, separando a todos los humanos por niveles, convirtiéndolos en personas inmorales, que ante la primera señal de mejorar su vida, están dispuestos a hacer lo que sea.

Desde que tenemos noción del tiempo, conocemos que ha existido una interminable separación de clases sociales, donde no todos pueden pertenecer al mismo grupo, así como de no gozar de los mismos privilegios que otras personas si pueden obtener.

La historia nos habla de Goreng, un hombre que entró por voluntad propia al Hoyo, una especie de complejo interminable que asimila ser una cárcel, donde dependiendo del nivel que se encuentren las personas, recibirán una mejor porción de comida. Goreng es acompañado por Imoguiri, señor de avanzada edad que entiende como se mueven ciertas cosas en esta “prisión”.

La trama puede parecer sencilla en términos generales pero tiene otra intención, intenta analizar la psicología humana para poder explicar porque existen las clases sociales y porque la sociedad en la que vivimos puede ser muy volátil, de repente puedes estar en la máxima gloria, a un paso del paraíso, pero en algún momento, tienes que descender cada vez más un oscuro vacío del cual no puedes salir vivo.

La primera secuencia nos intentan dar una idea de la inocencia de un hombre al no saber en qué tipo de ambiente se encuentra, chocando con la personalidad de un hombre que ya está corrompida y busca sobrevivir, anhelando una mejoría en su estancia en este recinto.

Cada detalle que nos muestra la trama, nos da una reflexión de las distintas visiones que pueden tener las personas, tal es el caso de que cada uno de los residentes del Hoyo, tienen el derecho de llevarse un objeto consigo mismo, puede ser un libro, como en el caso de Goreng o un cuchillo que se afila solo, en la parte de Imoguiri.

Otro dato que nos proporciona la historia, y quizá el que más tensión le da a la misma, es cada después de un periodo de tiempo, las personas van cambiando de nivel de forma aleatoria, como dije, puedes estar en la gloria o puedes estar en la miseria. Cuando sucede esto, podemos analizar un cambio de motivación en las personas, en dónde relucen el egocentrismo y el instinto de sobrevivir. “Es mejor comer que ser comido”.

Pero también encontramos la versión de las personas que buscan un cambio, que todo sea repartido de forma equitativa, aunque sean considerados comunistas por dichos actos.

El dato que más captó mi atención fue el de la plataforma que lleva la comida, que puede ser toda una metáfora de las riquezas que nos proporciona el mundo, donde los que están más arriba de la escala social pueden ser más beneficiados, mientras que los perjudicados, rezan por un día alcanzar esa cima que es todo un paraíso.

Los humanos tienden a ser crueles cuando no les queda ya nada que perder. En la historia, vemos en varias ocasiones como los residentes del Hoyo, a la primera oportunidad, no dudan en pelear por seguir viviendo, recurriendo incluso al canibalismo, dejando a un lado todo indicio de moral que tenían.

La producción en general de la película es digna de reconocer, el diseño de producción combinada con la fotografía crean todo un eterno estresante para el espectador, ya que hay mucha tensión generada por estos recursos ya mencionados acompañados de las actuaciones, que cumplen con el perfil del personaje.

El problema que tiene la película es su ambigüedad con respecto a la historia del Hoyo, ya que pudieron haber explotado más el origen y funcionamiento de este complejo, para darle un toque más tétrico y reflexivo a la trama, solo tenemos pinceladas y algunas ideas sobre esto. A veces la falta de información puede llegar a irritar a los espectadores.

En resumen, El Hoyo es una película que te mantiene atrapado y al borde del asiento, a pesar del “secretismo” empleado, gracias a qué las situaciones que se ven en la pantalla crean una tensión de la que es difícil apartar la atención, con un mensaje bastante profundo del clasismo social que existe desde que tenemos memoria y con un final abierto que provocará el surgimiento de diversas teorías de las personas que quedaron perplejos con lo propuesto por Galder Gaztelu-Urrutia y busquen respuestas en el más mínimo detalle. Buena recomendación disponible en Netflix.

Avance de El Hoyo

Fidel Mancilla
En la actualidad soy estudiante de comunicación y periodismo en la FES Aragón, tengo 20 años, he colaborado en diversos proyectos para festivales de cine. Dirigí y escribí el cortometraje "Últimos Momentos" que se proyecto en el Festival Internacional de Cine del CCH "Cecehachero Film Fest". Mi más grande meta es ser director de cine.