viernes, junio 25, 2021
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19 años. Comunicólogo en proceso, cinéfilo, youtuber, streamer y podcaster. He dedicado más tiempo de mi vida a The Irishman y Hamilton que a entenderle a el SAT. Fanático de Bon Jovi y el jazz. Raise a glass to freedom.

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El CONJURO 3: Un insulto al género

Hace unos días se estrenó en cines la más reciente entrega de la saga de “El Conjuro”. No, esta ocasión no fue un spin-off como Annabelle o La Llorona, sino que fue lo que muchos estaban esperando desde hace ya varios años: la tercera película de El Conjuro.

La ahora ya trilogía de esta popular saga de terror ha sido odiada por muchos, y amada por otros. En mi caso, confieso que ya iba un tanto predispuesto a que la película no me gustara, pues no soy nada fan de este tipo de terror; del terror que se basa únicamente en asustar al público mediante jumpscares y sonidos fuertes. No digo que esté mal, tiene su público; pero a mí no me gusta. No le encuentro mucha virtud, aunque en ocasiones puede llegar a ser efectista.

Sin haberme encantado, la primera película de esta trilogía la encuentro por lo menos interesante. Cumple con lo que propone y sí te llega a asustar, además de plantearte e introducirte a los Warren de buena manera. Esa sí podría recomendarla sin problema.
Lamentablemente, El Conjuro: El Diablo Me Obligó a Hacerlo es tan fallida y terrible como su propio título.

A diferencia de las dos entregas anteriores, El Conjuro 3 no está dirigida por su creador James Wan, sino que en su defecto está dirigida por Michael Chaves, quien ya había participado en esta saga como director de La Maldición de la Llorona (2019). Y sí, no salió del todo bien.

El mayor problema de esta cinta es que se pierde entre tantos personajes y subtramas. Aquí dejamos de enfocarnos en una sola familia y en un solo problema, para abarcar muchas cosas que no se exploran de buena manera. Empezamos con lo que pareciera ser el conflicto personal: la posesión de Arne; pero para continuar con ella tenemos que desviarnos con la desaparición de dos chicas que tuvieron conductas similares a las que ahora presenta Arne. El problema es que cuando nos mudamos a esta nueva subtrama, la historia de Arne y su problema queda muy arraigada a un segundo plano, prácticamente sin prestarle atención. Y está bien, entonces hay un cambio de aires y eso no es necesariamente lo negativo de esta parte, sino que como si no fuera suficiente, nos movemos de esta subtrama de las chicas desaparecidas, para también ir con la que sería la villana de esta historia. Es decir, en ningún momento nos enfocamos 100% en ninguno de los conflictos que se nos presentan, dejando todo muy al aire durante las dos horas de metraje. Nunca logramos empatizar con los personajes necesarios, y a la villana tampoco la entendemos a la perfección, pero la película espera que sí lo hagamos.

Las resoluciones tampoco son satisfactorias. Sin hacer spoiler del final, todo queda con ciertas dudas de cómo funcionaba todo, y de si en realidad acabó o habrá una siguiente entrega (que es lo más probable, tomando en cuenta el éxito comercial que tiene este universo).

Pero está bien, ¿hay algo rescatable en esta película? Afortunadamente sí. Dos cosas. Primero, el prólogo. La película comienza con un prólogo de diez minutos que nos cuenta el exorcismo del hermano menor de Arne, David. No, no es nada innovador en su forma (de hecho vemos muchas referencias a películas de este tipo), y tampoco termina por asustar al espectador como pretende, pero aun así se siente como algo que podrían llegar a retomar en el futuro de la cinta, pero lamentablemente no lo hacen. Ninguno de los exorcismos que vemos en el futuro se igualan a lo “bien” que lo hizo el prólogo.

La otra cosa rescatable es, como ya todos esperábamos, Patrick Wilson y Vera Farmiga. Ellos ya hicieron suyos a los Warren desde la primera película, y conforme avanzan y llegan nuevas entregas, su conexión se ve cada vez más reforzada como un vínculo que incluso supera la pantalla. Ellos son los “Warren contemporáneos” y lo demuestran en cada película. Su historia de amor es más poderosa que cualquier demonio. Y no, no estoy de acuerdo con eso, pero debo de admitir que sí transmite cierto sentimiento al espectador, aunque sea poco, lo logran.

En conclusión, El Conjuro: El Diablo Me Obligó A Hacerlo es un insulto para el género del terror. Nada que no se haya insultado antes en repetidas ocasiones, pero cuando parecía que el género tenía un nuevo repunte con obras como La Bruja, El Faro, o Get Out, todo se desploma cuando cintas de este tipo o “Unholy” llegan a cartelera cada 7 días. Supongo que los amantes de esta saga y este estilo de “generar” terror estarán satisfechos, pero en mi caso, es una película mala más del montón.

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Rseña en video de El Conjuro: El Diablo Me Obligó a Hacerlo

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