Dolor y gloria: La película más íntima de Pedro Almodóvar

Qué apropiado es que Antonio Banderas a sus 59 años nos brinde una de las mejores actuaciones de su carrera en una película basada en la vida del director (Pedro Almodóvar) que le dio su primer gran papel en Laberinto de Pasiones (1982). En Dolor y Gloria, la película número 21 para el cineasta español de 69 años, el actor interpreta a Salvador Mallo, un polémico cineasta que en el pasado se enfrentó a las políticas represivas de su país.

Ahora, en el ocaso de su carrera, el se mantiene como el renegado que utiliza la pantalla con color y porta el estandarte de los marginados sexuales y políticos de la sociedad. Está afectado por parálisis creativa y enfermedades debilitantes como: migrañas, tinnitus, ataques de pánico, dolor de espalda implacable y se atraganta con alimentos sólidos. Para aliviar su tormento, Salvador experimenta por primera vez con heroína. Pero un remedio, si hay uno, debe provenir de adentro.

Dolor y Gloria no es estrictamente una autobiografía, pero hay intensos paralelos en la infancia católica de Mallo bajo el régimen de Franco, su adoración y exasperación con su madre (bellamente interpretada en flashbacks por Penélope Cruz y magníficamente en el presente por Julieta Serrano), que prefieren discutir sobre la logística de su funeral que las películas de su hijo. “No me gusta la auto-ficción”, dice ella. Vemos a Salvador como un niño (Asier Flores) al que le tiemblan las piernas ante el primer esbozo de deseo que siente por un hombre, una atracción que su madre intenta cortar de raíz inútilmente. Y luego tenemos a Salvador de adulto como un icono sobre la opresión que enfrenta la comunidad LGBTQ.

En esta película de época, acompañada de una excelsa banda sonora de Alberto Iglesias, Almodóvar luce sin sus extravagantes recursos teatrales habituales. Banderas hace lo mismo, su actuación es un triunfo de la sutileza y el sentimiento. Mientras Salvador deambula en su casa de Madrid (una réplica casi exacta de la propia de Almodóvar, hasta los libros y pinturas que bordean las paredes), el pasado se mezcla con el presente en imágenes maravillosamente inquietantes cortesía del director de fotografía José Luis Alcaine.

En una escena, Salvador levanta un teléfono sin saber quién llama. En segundos, se da cuenta de que el interlocutor es un ex amante, interpretado por Leonardo Sbaraglia. Banderas solo dice el nombre: Federico. Pero en esas pocas sílabas, el actor deja que su voz refleje un reconocimiento intenso y el dolor de una pérdida que no se ha curado.

¿Qué separó a estos amantes? La respuesta se encuentra en una dramática carta que Salvador escribe para Alberto (Asier Exteandia), un amigo actor que había alejado hace varias décadas. Es cuando Federico escucha este monólogo en un teatro que el pasado regresa de una manera que afecta profundamente a los tres hombres y los une en el aquí y ahora. La simetría ingeniosa es un sello distintivo de Almodóvar, y su recuerdo cinematográfico está lleno de momentos íntimos e indelebles que constituyen una vida. Puedes sentir su pasión por el cine en cada cuadro. Dolor y Gloria no es solo su película más personal. También es una de sus mejores.

Avance de Dolor y Gloria