Cómprame un Revólver: En México la suerte no es eterna

Al inicio de Cómprame un revólver aparece un texto en rojo con fondo negro, que dice: “México. Sin fecha precisa. Todo, absolutamente todo, es controlado por el narcotráfico. La población ha disminuido por falta de mujeres.” En esas escuetas palabras hay una sensación de distopía, cual si nos estuvieran introduciendo a una realidad alterna. Desafortunadamente, no es así. Julio Hernández, director de la película, nos está llevando a enfrentar la actualidad de la vida al norte de México, en la que el narco y la violencia se han apoderado de gran parte del territorio.

Cómprame un revólver cuenta la historia de Huck (Matilde Hernández), una pequeña de 10 años que vive con su padre, Rogelio (Rogelio Sosa), quien es encargado del estadio de béisbol donde suelen ir a jugar los miembros de un cártel, que comanda un hombre de pelo largo al que sólo conocemos como Capo (Sóstenes Rojas).

Huck pasa sus días en este desértico lugar acompañada de sus amigos, tres muchachitos de edades similares a la suya, que se esconden de dicho cártel con disfraces que los camuflan. Ella, por su parte, carga siempre con una máscara y una gorra para ocultar su género, y, ocasionalmente, tienen que ponerle una pesada cadena en el tobillo que la mantiene amarrada en el campo, para que nadie intente robársela. Una noche, al desobedecer a su papá, Huck es descubierta por uno de los hombres más peligrosos de la banda, por lo que los pone en riesgo a ambos. A partir de ese momento, se verán obligados a cuidar a la pequeña y esconderla todo lo posible para que sobreviva, en un lugar en el que cada vez hay más brutalidad y menos mujeres.

Viviendo en el país en el que esta película fue pensada y desarrollada, nos es común leer historias similares en los periódicos y noticias: Más muertos, otra balacera, un ajuste de cuentas entre narcos. Sin embargo, verlo retratado en las vidas de unos niños cuya inocencia es su salvavidas, es una experiencia todavía más desconsoladora, que nos pega desde los primeros minutos de la película. Huck cree en la suerte, y no está tan alejada de la realidad: su padre ha conseguido mantener la paz con el cártel, a pesar de que son ellos los que le proveen las drogas a las que es adicto. Lo despojaron de gente a la que amaba, pero el líder ha acordado con él fingir que Huck es varón, lo que le permite tenerla (relativamente) a salvo. Pero la suerte no es eterna y los gatos no tienen siete vidas, por lo que nuestra protagonista eventualmente tiene que usar lo que ha aprendido en sus pocos años de vida: a veces hay que aplicar el “ojo por ojo”, y quien tenga el poder se convertirá en mandamás.

Ver tantos rostros ocultos y semiocultos en Cómprame un revólver mantiene al espectador en tensión: Algunos llevan paliacates para no ser reconocidos, otros máscaras y disfraces para no ser capturados. Las vidas de todos los personajes de la cinta, bueno y malos, están a un chasquido de dedos de ser eliminadas, como si nadie valiera un centavo, como si fueran materiales desechables. Lo más aterrador, dentro de tanta miseria, es la frialdad con la que se observa la sangre que brota de los cadáveres: como si fuera un elemento más del paisaje, cual cielo o mar. Está tan normalizado el nivel de violencia que a nadie le sorprende que el brazo cortado de un niño se convierta en una búsqueda del tesoro, o que la gente que transita por las calles ande con las armas al hombro como si de mochilas se trataran.

Julio Hernández, quien anteriormente dirigió películas destacadas como Atrás hay relámpagos (2017) y Te prometo anarquía (2015), cuenta que sus inspiraciones para la realización de esta cinta fueron Las aventuras de Huckleberry Finn, novela de Mark Twain, y Mad Max, película de George Miller. Al conocer estas referencias, se entiende de inmediato (y se aplaude) hacia dónde dirigió esa cohesión: Una niña que tiene la valentía y resiliencia para avanzar en un camino lleno de obstáculos y villanos, atravesando atardeceres y anocheceres que no siempre prometen un nuevo amanecer.

Avance de Cómprame un Revólver

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.