Casablanca: la visita obligada al cine romántico

Rick: Y recuerda, esta pistola está apuntando directamente a tu corazón.
Louis Renalt: Ese es mi punto menos vulnerable.
Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

El cine romántico es un género que día con día es altamente consumido por la gente. Son las categorías principales de las plataformas como Netflix y Amazon Prime; es el referente más inmediato que tiene tanto el espectador ocasional como el cinéfilo más experimentado, y no es fortuito que eso suceda: es natural que el humano se vea reflejado en historias producidas por la imaginación, especialmente en algo tan innevitable como es el amor.

Este género será, por supuesto, una visita obligada este 14 de febrero; y a pesar de que existen grandes clásicos modernos como Pretty Woman (Marshall, 1999), The Notebook (Cassavetes, 2004) y (500) Days of Summer (Webb, 2009), es importante recordar uno de los más grandes clásicos del romance y de la cinematografía en general: Casablanca (1942) del director Michael Curtiz.

La cinta se desarrolla en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial. En la ciudad de Casablanca, ubicada en la en ese entonces colonia francesa de Marruecos, la gente busca desesperadamente la forma de salir, pues es inminente el arribo de los nazis, ya que estos ya habían ocupado la capital francesa. Muchas de estas personas se reúnen en el club nocturno Rick’s Café, dirigido por el expatriado norteamericano Rick Blaine (Humphrey Bogart). Sin embargo, todo cambia cuando llegan Ilsa Lund (Ingrid Bergman) –una chica presente en la vida de Rick– junto con su esposo, el líder de la resistencia Victor Laszlo (Paul Henreid), poniendo a Rick en un predicamento sobre lo que tiene que hacer.

Basado en la obra de teatro Everybody comes to Rick’s de Murray Burnett y Joan Alison, Casablanca formó parte del cúmulo de cintas que los grandes estudios de Hollywood realizaron en pro de la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Esta tendencia propagandística inició en 1939 con el filme anti-nazi Confessions of a Nazi spy (Lituak); no obstante, fue a partir de Sergeant York (Hawks, 1941) con la que arrancó de forma oficial las pretenciones de la milicia norteamericana por utilizar el cine como su medio principal de propaganda, especialmente en el género documental, cuyos pioneros fueron los cineastas John Ford, John Huston, Frank Capra, George Stevens y William Wyler (véase Five Came Back, serie documental de Netflix que explora la historia de estos cinco directores).

Director Michael Curtiz.

Nadie de la gente dentro de la producción vio un fuerte potencial en la cinta. Fue catalogada como una “tontería sofisticada” en términos del analista literario de la Warner Brothers; sin embargo, muchas de las decisiones creativas fueron cruciales para que en el set comenzara a germinar uno de los filmes más reconocidos de la historia.

Julian Cornell, académico de la Universidad de Nueva York, destacó que gran parte del éxito de Casablanca fue gracias a la adecuada combinación del entretenimiento con la intención artística. Michael Curtiz junto con su equipo no fueron pretenciosos al darle un tratamiento menos convencional al filme, sino que hicieron uso de sus herramientas para darle una intencionalidad, pero que a su vez resultase entretenido para los espectadores, cosa fundamental dado los tiempos difíciles en los que vivía la sociedad estadounidense.

Cinefotógrafo Arthur Edeson.

Entre la gente involucrada estuvo el cinefotógrafo Arthur Edeson, quien había trabajado en The Maltese Falcon (Huston, 1941), filme que por cierto, también fue protagonizada por el actor Humphrey Bogart. Gracias a esa experiencia, junto con la adaptación de Frankenstein (Whale, 1931), Edeson incorporó elementos del cine negro y del expresionismo alemán, creando un juego de sombras que proporcionaban diversos matices a los personajes; además de usar filtros de neblina para brindar mayor solidez al personaje de Bergman.

La música corrió a cargo del compositor austriaco Max Steiner, responsable de la banda sonora de otros grandes clásicos estadounidenses como King Kong (Cooper, 1933) y Gone with the Wind (Fleming, 1939). Steiner basó el score en la melodía de As Times Goes By de Herman Hupfeld, pieza originalmente concebida desde la obra de teatro, por lo que, para el filme, fue grabada para que convertirse en el tema principal. Dicha canción fue interpretada por el cantante Dooley Wilson, quien interpretó el papel de Sam, pianista del club nocturno.

Compositor Max Steiner.

Sin embargo, el guion fue probablemente la clave del éxito para Casablanca. A pesar de también considerarse un filme bélico, la realidad es que utiliza el ambiente de la Segunda Guerra Mundial tanto para cumplir los propósitos de propaganda, como para darle un contexto (el actual en ese entonces) al filme; pero en el fondo es un melodrama romántico sobre las imposibilidades del amor cuando el deber se interpone. Además, el uso de flashbacks favoreció a la trama, dándole mayor dimensionalidad a sus personajes: de dónde vienen, qué les sucedió, cómo piensan.

Pero sobre todas las cosas, la cúspide de la genialidad del guion radica en el final, una culminación que, a diferencia de muchos romances anteriormente hechos, no cumple con lo que el espectador usualmente espera de un filme romántico. Este final, por cierto, en su momento fue polémico para el equipo de producción, justo por el gran riesgo que corrían de presentar algo semejante. Gracias al Código Hays, reglamentación oficial en la que se estipulaba lo que se puede ver y lo que no, fue imposible cambiar el final deseado, dejándolo tal cual como el público lo vio un 23 de enero de 1943, fecha de estreno de Casablanca.

El amor en los tiempos de la guerra

De todos los garitos de todos los pueblos de todo el mundo, ella entra en el mío.
Rick Blaine (Humphrey Bogart)
 

Milan Kundera alguna vez dijo que para que el amor sea inolvidable, “las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento”. Estas casualidades se posan sobre los hombros de Rick e Ilsa, quienes, a lo largo del filme, se reencuentran con los recuerdos del pasado y se enfrentan a la indecisión por proseguir con sus vidas o revivir aquellos tiempos memorables.

Hablar de su relación, es hablar de tensión e impotencia gracias a la falta de claridad con el pasado. Gracias a las actuaciones de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, es que, a pesar de ese inesperado reencuentro, ambos se conocen tal que configuran un lenguaje secreto que nadie del resto de los personajes se percata de lo sucedido. Las miradas entre ambos expresan esa complicidad del pasado anhelado, pero que no puede ser retornada.

Los flashbacks del filme funcionan, además de brindar el pasado sobre los personajes, como un elemento para cortejar los cambios de ellos. La personalidad resulta cambiante principalmente con Rick quien, al estar junto con Ilsa en París, se muestra un hombre entusiasta y, a pesar de la llegada de los nazis a Francia, esperanzado tanto para su relación como para el porvenir del mundo. No obstante, ya en Casablanca su actitud cambia, siendo un hombre nihilista y despreocupado por la vida, siendo indiferente con la chica que se le acerque.

La canción As Time Goes By dice que la vida sigue la misma historia: una lucha por el amor y la gloria/un caso de hacer o morir”. Ese par de versos profesan el predicamento de Rick. Enfurecido o no con Ilsa, vuelve a sentir lo que creía haber olvidado: el amor por ella; no obstante, se interpone el deber con la patria (parte del mensaje propagandístico) representado por Victor Laszlo. Es entonces que, a lo largo del filme, es explorada esta indecisión y búsqueda de una respuesta que satisfaga ambas vertientes.

Por el otro lado, Ilsa responde al intento de redención con Rick. Las motivaciones de sus actos se conocen más adelante, pero ella es un personaje que buscará hacer las paces con cada uno de sus conocidos, incluyendo al propio Sam quien fue compañero de la pareja en sus aventuras parisienses. La solicitud hacia Sam para que toque As Time Goes By funciona como una provocación para reanimar el pasado y como un puente para redimirse de sus actos.

Incluso, la misma canción se trata de un miembro más de aquella relación, pues opera como un símbolo de su amor, por algo es que Rick le prohibe a Sam que la interprete en el club. La sola manifestación de la melodía o cualquier arreglo que apele a dicho tema, es a su vez la presencia del fantasma de la añoraza; un espíritu que deambula por los pasillos del “Café de Rick” esperando encontrar un descanso apropiado en los rincones más íntimos de los corazones de los dos amantes confundidos por el deber y el querer ser.

Influencia

Louis, creo que este es el principio de una bonita amistad…
Rick Blaine (Humphrey Bogart)

La recepción inmediata de la película fue aceptable. Estuvo nominada a ocho categorías en la 16º Entrega de los Premios de la Academia, de las cuales ganó tres: Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guion Adaptado; pero conforme fue pasando el tiempo, el filme fue adquiriendo un estatus de culto, pues cada que salían enlistados con “lo mejor del cine”, Casablanca siempre figuraba. Posteriormente comenzó la formulación de múltiples análisis interdisciplinarios con respecto a la cinta: desde el punto de vista artístico, psiconalítico, sociológico, racial y, por supuesto, político.

Al igual que El Padrino (Coppola, 1972), Casablanca es de esas cintas que muchas personas probablemente no hayan visto, pero sí reconocen a simple vista. Miles de parejas dedican As Time Goes By, tema que además ha sido reinterpretada por miles de artistas como Jimmy Durante, Rod Stewart, Frank Sinatra, Natalie Cole,  Ray Conniff y un largo étcetera. La propia Warner Brothers ha utilizado la melodía en sus cortos animados como leitmotiv asociado al amor de pareja.

En La La Land (Chazelle, 2016) hay una mención al filme, pues Mia (Emma Stone), mientras camina por los estudios de cine junto a Sebastian (Ryan Gosling), le muestra el balcón en el que Bergman y Bogart se asomaron en la película. Asimismo, en el musical predomina un paralelismo entre su final y el de Casablanca: sus caminos son completamente opuestos, pero ambos concuerdan en la presentación de una conclusión realista a una relación amorosa, un final igualmente trágico, pero sin duda más cercano a la triste realidad.

Por su parte, Casablanca se convirtió en un centro turístico obligado para los apasionados al séptimo arte. Para la desgracia de muchos, hubo una desilución colectiva pues la gran mayoría de ellos esperaban encontrar el célebre club Rick’s Café, cosa que no sucedió. Sin embargo, el 1º de marzo de 2004 cambió eso, pues se abrió un local en el 248 del Boulevard Sour Jdid llamado y decorado de la misma forma que la de la cinta.

Se conoce de tal manera, que la mal atribuida frase “Play it again, Sam” (“Tócala otra vez, Sam” en español) ha circulado de tal forma que ya forma parte del argot cinematográfico. Dicha frase, además, fue recuperada por Woody Allen, quien escribió una obra de teatro llamada exactamente igual, para después ser llevada a la pantalla grande en 1972 bajo la dirección de Herbert Ross y protagonizada por el propio Allen junto con Diane Keaton. En ella, Woody Allen interpreta a un neurótico crítico de cine que, tras intentar superar su divorcio, busca desesperadamente emparejarse con alguna chica, fracasando cada intento pues desobece los consejos de su conciencia: una manifestación fantasmagórica de Humphrey Bogart caracterizado como Rick.

En la secuencia inicial, Allan Felix, personaje de Allen, observa la cinta en una sala de cine. Su expresión delata su intenso compromiso con el filme. Mientras ve anonadado aquella escena final del hangar, es probable que un pensamiento predominara en su mente: la idea de que, mientras lloramos como Ilsa, Rick Blaine nos recuerde que “siempre tendremos Casablanca”.

C. Daniel Martinez
Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Escribe sobre cine en Playboy, Casa Negra y en su blog "El Blog Maraz". Hace un podcast semanal en Spotify llamado "Nosotros los Tetos". Antes cinéfilo, ahora cinéfago.