Bombshell, una bomba de poco alcance en el mundo post #MeToo

Bombshell, conocida también en México como El Escándalo, recibió tres nominaciones al Óscar: Mejor Actriz (Charlize Theron), Mejor Actriz de Reparto (Margot Robbie) y Mejor Maquillaje, ganando la estatuilla en esta última categoría.

Siendo realistas, Hollywood se caracteriza por su constante búsqueda del próximo gran hit, esa película que desde su concepción tiene garantía de éxito, que moverá a las masas a sus cines más cercanos en lugar de que esperen por el estreno del título en su plataforma de streaming favorita. La industria cinematográfica es un contexto en donde lo que es una tendencia hoy, definitivamente no lo será mañana.

Esa es la razón por la que dos años suena como demasiado lejano en la memoria colectiva de Hollywood. Pero fue exactamente hace dos años cuando movimientos como el #MeToo y Time’s Up, creados con el propósito de denunciar el acoso sexual y equilibrar las dinámicas de poder en la industria, estaban en boca de todas nuestras celebridades favoritas. Todos parecían tener una opinión respecto a ellos, sin importar que fuera positiva o negativa.

Pero hoy día, atrás quedaron todas esas acusaciones de actores y otros trabajadores de la industria hacia aquellos que hasta el momento se consideraban como intocables, aquellos que abusaban de su posición de poder para acosar y abusar sexualmente de sus subordinados. En las alfombras rojas de las ceremonias de premios ya no desfilan activistas como acompañantes de populares actrices. Nadie ha vuelto a empoderar estos movimientos sociales en sus discursos de aceptación. Las productoras cinematográficas continuaron trabajando con muchos nombres que fueron señalados como presuntos acosadores y abusadores…

Incluso ya se nos olvidó que en octubre de 2017, The New York Times publicó un reportaje exponiendo las diferentes conductas de agravio sexual de Harvey Weinstein, uno de los productores más prolíficos de la industria hasta ese momento y que más de 80 mujeres responsabilizaron por acoso y violencia sexual. Tanto así que ignoramos que, a casi 3 años de las primeras acusaciones, el mismo Weinstein afronta un juicio por violación en la Suprema Corte de Manhattan.

Quizás sea cierto que Harvey Weinstein se ha convertido en ese pariente incómodo de la industria, ese que ya no menciona por su nombre. Sin embargo, continúa utilizando las mismas estrategias agresivas de mercadotecnia que él creo para posicionar a una película cualquiera como una contendiente seria en la temporada de premios.

Fue así como el fuego encendido por la furia ante las retorcidas dinámicas de poder en la industria hollywoodense se extinguió tan rápido como inició.

Poco antes del escándalo de Weinstein, no obstante, hubo otra situación igual de explosiva que cimbró a los medios estadounidenses. Un caso del que realmente desconocemos todos los detalles como extranjeros ya que vemos al principal medio involucrado como una cadena televisiva sumamente conservadora que emite mensajes racistas y sexistas a su audiencia. Estoy hablando sobre las acusaciones de violencia sexual de las presentadoras de Fox News hacia el entonces presidente del canal, Roger Ailes.

Veintidós presentadoras de Fox News, incluyendo la controversial Megyn Kelly, se unieron a la demanda de acoso sexual en contra de Ailes iniciada por Gretchen Carlson, conductora que había sido colocada en un espacio con poca audiencia tras señalar el sexismo en los comentarios de sus compañeros de emisión. Ante el escándalo mediático, Ailes se vio obligado a renunciar a su posición en Fox News, recibiendo una compensación económica de 40 millones de dólares. La demanda, por otro lado, fue retirada tras un arreglo fuera de la corte con Carlson quien tiene prohibido emitir declaración alguna sobre el caso.

Bombshell, palabra cuyo significado hace referencia tanto a una abrumadora sorpresa o decepción como a una mujer sumamente atractiva, es un esfuerzo fílmico para dar matices a la controversia y acercarla a una audiencia con ideas preconcebidas de Fox News. No obstante, el guion de Charles Randolph (The Big Short) no evita emitir su juicio ante el caso y minimiza la complejidad de sus tres protagonistas femeninas al recrear de manera superficial su historia principal.

Megyn Kelly (Charlize Theron) se encuentra en medio del ojo del huracán tras realizar una serie de preguntas incómodas a Donald Trump durante el debate republicado del 2017. Gretchen Carlson (Nicole Kidman) acaba de perder su puesto en el popular programa Fox and Friends por su defensa ante los comentarios sexista al aire y detrás de cámaras, siendo relegada a un horario con poca audiencia. Kayla Popisil (Margot Robbie) es una ambiciosa joven, recién graduada de la escuela de periodismo, cuyo sueño es convertirse en la presentadora de horario estelar de Fox News. Todas ellas, rubias y atractivas, representan el medio visual que Roger Ailes (John Lithgow) quiere transmitir a la audiencia conservadora de Fox News.

Bombshell, en teoría, es una película basada en una película real con un argumento diseñado para incomodar a cada uno de sus espectadores, para hacerlos cuestionarse cada una de sus ideas preconcebidas sobre el acoso sexual en el ambiente laboral. No obstante, la realidad es que la incomodidad del guion se transmite también a sus realizadores desde el momento en que su libreto no puede decidir por una estructura para narrar la historia. La secuencia inicial, ágil e ingeniosa, nos hace recordar por qué The Big Short (Adam McKay, 2015) fue un fenómeno durante su estreno. Sin embargo, la cinta pronto abandona esta técnica narrativa para adoptar la utilizada en cualquier drama, interrumpiendo la inmersión de la audiencia con voice overs de los pensamientos de los protagonistas de la escena. ¿Acaso Bombshell intenta recordarnos en cada momento que estamos viendo una obra de ficción y no una situación que se ha convertido en una constante en la vida de muchas mujeres?

Pese al esfuerzo de su elenco, especialmente el de Nicole Kidman y una Charlize Theron completamente irreconocible bajo el maquillaje ganador al Óscar de Kazu Hiro, Anne Morgan y Vivian Baker, sus interpretaciones pocas veces alcanzan el impacto emocional que la escena exige debido a la torpe edición de la cinta, la cual responde directamente al guion, así como a la dirección meramente satisfactoria de Jay Roach. A pesar de esto, ciertas escenas resonarán con la audiencia femenina por la familiaridad de la situación y no por el poder de la cinta, particularmente una escena entre Kayla y Ailes. Sin embargo, la fuerza de dichas escenas se pierde al conjugarse con el resto ya que la escritura recurre a extremismos para justificar las acciones de cada personaje.

Atrapada entre lo que podría ser en manos de un guionista con mayor sensibilidad al tema y un director con una visión más fuerte, la cual pudiera consolidar el tono dramático o satírico que quiere transmitir al espectador, Bombshell intenta abrir un debate sobre los límites y alcances de la conversación actual sobre el acoso sexual en el trabajo al ofrecer una trama donde los afectados son personajes que tendemos a antagonizar por sus creencias políticas. No obstante, se queda como un esfuerzo mediano en el que las potentes actuaciones pueden perderse ante la caótica estructura de la trama. Si les soy completamente sincera, aún me pregunto cómo es que su trío protagonista obtuvo nominaciones durante esta temporada de premios por encima de otras actrices que interpretaron personajes igual de complejos en películas con guiones mejor construidos.

¿Acaso The Assistant (Kitty Green, 2019), fuertemente inspirada en el caso de Weinstein, podrá rectificar los errores narrativos de Bombshell?

Avance subtitulado de Bombshell

La Xime
Tan solo he pasado 25 años perfeccionando el arte de ser un remedo de escritora. Perdidamente enamorada del cine y la televisión, si no tengo un lápiz en la mano seguramente estoy twitteando opiniones poco populares.