Berberian Sound Studio: La inquisición del sonido

La película comienza con fuertes sonidos y música dramática. Ponen el título de la susodicha: “The Equestrian Vortex”. Los nombres de los realizadores aparecen en un fondo rojo furioso y se escuchan gritos de féminas aterrorizadas, lo que nos marca el tono de lo que vendrá. Sangre, erotismo, ritos y satanismo, hay que esperar de todo en esta impactante cinta de giallo.

Así es como comienza nuestro viaje de terror psicológico, comandado por el director inglés Peter Strickland, el cual lleva por nombre Berberian Sound Studio. Una vez que terminamos los créditos de “The Equestrian Vortex”, conocemos a Gilderoy (Toby Jones), un ingeniero de sonido tímido y reservado proveniente de Surrey, que es convocado para trabajar en la nueva película del famoso productor de cine italiano Giancarlo Santini (Antonio Mancino). Creyendo, por el título, que se trata de un documental, Gilderoy acepta el empleo, ya que ese género es su especialidad.

Una vez que llega al estudio se da cuenta de que es un largometraje de terror. Va descubriendo gradualmente de qué va y cómo se desarrolla, siendo el encargado de los sonidos del mismo: utilizan frutas y verduras que son destazadas y cortadas enérgicamente, mientras se describen momentos horrorosos del guión de la película, para detallar muertes, torturas y sadismo. Verónica (Susanna Cappellaro) y Teresa (Fatma Mohamed), las mujeres que dan voz a las protagonistas, gritan constantemente para dar sonido a las escenas en las que sus personajes sufren. Conforme avanza la postproducción, Gilderoy descubrirá que las personas con las que labora son desagradables, ventajosas y prepotentes, y la convivencia con esta gente, aunada a su cercanía con las horribles experiencias que tiene que reproducir en la cinta, harán que el ingeniero comience a perder la sensación de realidad.

Berberian Sound Studio es un filme de terror atípico. Strickland, no está muy interesado en nuestros ojos: está apelando a nuestro oído y nuestra imaginación. Desde que el protagonista llega su nuevo empleo, somos testigos de escenas violentas gracias a lo que se escucha y se describe, pero jamás aparece una sola toma de The Equestrian Vortex en pantalla. Es nuestra mente, nuestra creatividad y la evocación de lo que conocemos como tortura, lo que nos llevará a crear la imagen que la película no nos está presentando. Gilderoy no sólo tiene que lidiar con esta mezcla, también se ve forzado a reproducirla en repetidas ocasiones con el fin de darle calidad a su trabajo, lo que hace que esta violencia, aún siendo ficción, lo persiga y se instale ahí, en lo profundo de su cabeza. No ayuda en absoluto que un hombre respetuoso y tranquilo como él tenga que aguantar los sinsentidos de un director y un productor irresponsables, misóginos y egocéntricos, que con su inmadurez le hacen la vida imposible al equipo que trata de sacar su trabajo.

Es a través de los ruidos, que pasan por equipos análogos que zumban y cintas marrones que se reproducen, se revuelven y se atoran, que Peter Strickland nos adentra en esta gran propuesta de horror. Él sabe que el miedo no se trata sólo de un susto momentáneo, de esos que se superan pronto: Es más bien como una araña, que ronda nuestra mente mientras teje poco a poco telarañas sobre ella. A veces se esconde y nos olvidamos de su presencia, a veces extiende sus patas y se apodera de todo. Y a veces, cuando ya no la controlamos, puede reproducirse e instalarse con todas sus crías en nuestro cerebro, convirtiéndonos en su presa eterna.

Avance de Berberian Sound Studio: La inquisición del sonido

Ale Vega
Intenseo con las cosas que me gustan y el cine es de las que más, así nacieron mis ganas de escribir acerca de buenas películas.