Ben-Hur es un desastre de proporciones bíblicas

La última película épica del verano es una dolorosa cinta digitalizada que falla en casi todos los departamentos por simple incompetencia. Hablo de Ben-Hur, un remake de la épica cinta de 1959 dirigida por William Wyler (también hay una versión muda de 1925) que le otorgó a Charlton Heston un Oscar por el papel principal y colocó la secuencia de la carrera de carrozas en el canon de películas de acción. Todo los elementos que convirtieron a esa película en una cinta récord galardonada con 11 premios Oscar no existen en esta nueva adaptación dirigida por Timur Bekmanbetov (Wanted).

Los productores ejecutivos Mark Burnett y su esposa Roma Downey han estado impulsando proyectos con temática cristiana como La Biblia (The Bible) en televisión o Hijo de Dios (Son of God) en teatros, no hay nada de malo en eso, excepto cuando artísticamente están muy por debajo del nivel esperado. El nuevo Ben-Hur esta protagonizado por Jack Huston, tan impresionante en Boardwalk Empire y tan pálido aquí, es el acaudalado príncipe judío Juda, su celoso hermanastro Messala (Tobby Kebbell) sube escalones en la milicia romana lo que le da el poder de vengarse de Juda al exiliarlo como esclavo.

Se sabe que en la versión de 1959, el director Wyler le pidió al actor Stephen Boyd que interpretó a Messala, que implicara en su actuación una atracción homo erótica por su hermano. Verdad o no, esta idea es una muestra de todos los aspectos que se intentaron cuidar en una historia tan llena de detalles. Nada de esto se percibe en la obra de Bekmanbetov que pone énfasis en el material de origen, una novela de 1880 escrita por Lew Wallace titulada “Ben-Hur: Un Cuento de el Cristo” (Ben-Hur: A Tale of the Christ). Rodrigo Santoro (300) tuvo el encargo de interpretar a Cristo, quien aquí tiene una participación mucho más amplia. Le dice a Ben-Hur que tiene un plan para él y que ese plan demanda perdonar. Incluso cuando el director nos muestra una impresionante batalla naval en CGI para subir el tono, no hay manera de escapar al hecho de que esta película es más un sermón que entretenimiento.

Los actores rara vez salen de su monotonía y eso incluye a Morgan Freeman quien interpreta a un sheik africano que vende caballos para carreras de carrozas. Para ser justos, puedes ver un poco de rebeldía en los ojos de Freeman. Aún así la película rápidamente pierde la capacidad de ser feroz, imaginativa o divertida. Ben-Hur quiere predicar, pero carece de la cualidad más esencial para hacerlo: alma.

Ben-Hur se suma a ese nada selecto grupo integrado por películas bíblicas de esta dedada que a pocos interesaron como Noah y Exodus. Y no es por la temática, es simplemente una mala manera de contar una historia muy conocida.

Avance subtitulado de Ben-Hur