A Cambio de Nada: fuerza y naturalidad que se agradece

El trabajo de dirección es un oficio de hormiguita y que requiere el más mínimo cuidado a los detalles. La pantalla tiene que atrapar con las imágenes. Es por eso que esta ópera prima de Daniel Guzmán tiene más que merecido los premios que recibió.

Cuando uno termina de ver la película no sabe si agradecer el guion, al director o los actores, lo que se ve en escena es todo un trabajo hermoso para hipnotizar a los espectadores con la historia de Darío.

Darío es un joven de 16 años que está viviendo el proceso de divorcio de sus padres y no precisamente en buenos términos, entonces cansado de lidiar con la pugna de ellos decide hacer una vida de chico callejero que le llevará a conocer personas y vivir situaciones extremas.

Bien pudo haberse quedado en una fórmula cliché de adolescentes problemáticos, pero cada personaje y giro de la historia posee tal naturalidad que es difícil no engancharse y enamorarse del film.

La cámara es un completo cómplice de la historia, se puede hasta oler su vestidura callejera al igual que el protagonista, es como si hablara el mismo lenguaje de Darío. Los movimientos nos meten en la personalidad hiperactiva del protagonista y sus angustias.

Hubo dos planos que hasta se podían sentir que tenían su propio diálogo, y ese es el arte de dirigir. El primer plano que sin duda arropa es cuando Daniel se lanza a tomar el metro. El ritmo con que baja las escaleras y luego se lanza dice claramente del proceso que vivirá el personaje, un proceso tan vertiginoso como su velocidad, y luego cuando queda frente a la ventana del vagón mirándose es claramente una señal que este joven se está buscando a sí mismo, tratando de construir su identidad (cosa normal en los adolescentes) sin la presión del divorcio de sus padres.

El otro movimiento de cámara que habla por sí solo es cuando Darío le dice a su amigo que irá solo a lo que tiene planeado hacer, entonces la cámara se mueve hasta ponchar a ese simpático amigo leal, pero dejando un espacio vacío a la derecha, indicando que sin Darío este personaje se siente solo.

En cuanto al guion se pudiera decir que quedan algunos baches, pero no estamos frente a una película de suspenso, es drama puro con toques de humor negro que la hacen encantadora. Se siente tan auténtica la historia que no necesita la resolución de las subtramas, lo que nos interesa es el protagonista.

Si fueron fanáticos de la serie española “Aquí no hay quien viva” entonces sabrán de donde viene Daniel Guzmán, quien hacía del novio de la chica recién mudados al edificio. Este mismo Guzmán un día vio en la calle a Miguel Herrán y le propuso el papel protagónico. En ese instante este actor y novel director para aquel entonces le cambió la vida a un joven desconocido que luego ganaría el premio Goya en el 2016 como actor revelación del año y posteriormente se convertiría en el querido Río de la serie “La casa de papel”. Si quiere saber por qué ganó el premio le invito a ver esta película.

Avance de A Cambio de Nada

Karla Pravia
Soy Lic en Comunicación Social mención periodismo impreso. Me especialicé en escritura creativa, escritura de guion y estudios en dirección de cine.