martes, diciembre 7, 2021
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Tan solo he pasado 25 años perfeccionando el arte de ser un remedo de escritora. Perdidamente enamorada del cine y la televisión, si no tengo un lápiz en la mano seguramente estoy twitteando opiniones poco populares.

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Chainsaw Man, la caída en picada de Denji

“Chainsaw Man” es un “manga” (historieta japonesa) creado e ilustrada por Tatsuki Fujimoto. Su primera parte fue publicada en “Weekly Shonen Jump” a lo largo de dos años, de diciembre de 2018 a diciembre de 2020. Pese a que su continuación fue anunciada, aún se desconoce la fecha de lanzamiento en “Shonen Jump+”.

La siguiente reseña contiene spoilers ligeros de la trama, favor de proceder bajo su propio riesgo.

Todos lo hemos experimentado al menos una vez a lo largo de nuestra vida: esa extraña sensación que recorre cada rincón de tu cuerpo, erizando los vellos en tus brazos y que retrae cada uno de tus músculos; ese asfixiante sentimiento que te impide cerrar los ojos porque te has convencido de que una vez que lo hagas, no podrás abrirlos nuevamente; ese pensamiento irracional de que la relativa estabilidad que has conseguido a lo largo de tu vida puede desmoronarse en cualquier momento; esa incertidumbre hacia lo desconocido… El miedo es una de las emociones más naturales que existen en el ser humano. Temer a aquello que está por venir o que creemos que podrá dañarnos de alguna manera es una reacción que obliga a nuestro cerebro a pensar en posibles soluciones para afrontar la situación que percibe como peligrosa.

O al menos eso es lo que la teoría indica.

El miedo tiende a dominarnos una vez que nos permitimos sentirlo. Son escasas las ocasiones en que logramos dominarlo para analizar con la suficiente frialdad el escenario en el que nos encontramos. En realidad, es el miedo suele controlarnos y conducirnos a reacciones cada vez más impulsivas, intensas y estúpidas. Incluso aquellos que consideramos almas valientes e inquebrantables, esos que parecen afrontar todos sus temores de manera frontal, esconden en lo más profundo de su ser un miedo absurdo que también les consume lentamente. Al final del día, aceptamos nuestros miedos como una parte intrínseca de las personas que somos porque racionalizamos que somos los únicos individuos afectados por ese temor incontrolable…

¿Realmente estamos seguros de que nuestros miedos no dañan a los demás?

No dudaría de que en este momento rodaste los ojos. Yo también lo haría. Si nos refugiamos bajo nuestro entendimiento tradicional del mundo, lo que estoy a punto de decirte es una idea completamente descabellada. Hemos crecido dentro de una sociedad que constantemente busca argumentos lógicos y explicaciones para cada uno de los fenómenos que presenciamos físicamente. Esa es la razón por las que nos parecería una locura escuchar a alguien argumentar que nuestros miedos, esas aparentes criaturas indomables, se convierten en el alimento añorado por otras bestias desconocidas aún más terroríficas, aquellas que se regocijan en nuestro sufrimiento constante y se encuentran abrumados ante el sofocante dilema sobre el destino de la humanidad: ¿realmente vale la pena aniquilarnos cuando nos hemos convertido en su mayor fuente de sustento?

Es precisamente esta idea – un tanto retorcida, un poco mística y bastante divertida – con la que juega Tatsuki Fujimoto en Chainsaw Man (literalmente traducido como Hombre Motosierra), el manga que se ha convertido en una de las mayores revelaciones para los fanáticos del género en los últimos cinco años y, que a casi seis meses de la publicación del final de su primera parte, continúa ganando seguidores por su narrativa poco convencional, frenética, violenta e hilarante acompañada de un dibujo sumamente limpio y detallado para una entrega semanal, un estándar de calidad que solamente pocas obras como Tokyo Ghoul (Sui Ishida, 2011-2018)y Vagabond (Takehiko Inoue, 1998 – hiatus) han logrado con tanta consistencia.

Chainsaw Man presenta a una sociedad japonesa que vive sumergida en el absoluto terror. Pese a que cada individuo sabe perfectamente que sus miedos, por más ridículos que sean, fortalecen a los demonios que toman la apariencia de los mismos, su acelerado ritmo de vida y el acceso a cada vez más información simplemente ha contribuido a que el temor sea una presencia ineludible en su existencia. Como consecuencia de la imposibilidad para inhibir este sentimiento tan humano, los demonios se han convertido en una grave amenaza para la población por lo que las autoridades han establecido una división de Seguridad Pública conformada por cazadores de demonios – humanos que han hecho contratos con sus enemigos a cambio de obtener el poder necesario para enfrentarse a aquellos que son llegados a considerar como un alto peligro potencial para la vida humana. No obstante, los demonios no se rigen por las mismas reglas que imponen las instituciones del hombre, por lo que también existen otros que han celebrado contratos con humanos con propósitos menos nobles que mantener el orden social.

Considerando a esta sociedad tan paralizada por sus propios temores, es comprensible la razón por la que los cazadores de demonios – tanto oficiales como civiles – sean parte de los profesionistas mejor pagados en el país, independientemente de su afiliación. No obstante, las fuertes sumas de dinero que un cazador de demonios puede recibir por su labor son insuficientes para saldar la deuda que Denji tiene con la Yakuza (mafia japonesa). Acumulando nuevos intereses sobre la deuda heredada de su padre, Denji es un adolescente flacucho que apenas sobrevive el día a día, dispuesto a vender cualquiera de sus órganos y comer cualquier cosa con tal de obtener un poco de dinero. A pesar de sus complicadas circunstancias, Denji encuentra consuelo y felicidad en Pochita, un demonio bastante particular – caracterizado por su cuerpo con forma de perrito y una motosierra que atraviesa su cabeza – al que rescató años atrás. No obstante, en el momento que Denji inicia a debatirse entre la vida y la muerte, Pochita hace un contrato con el muchacho: su corazón a cambio de que él logre cumplir todos sus sueños, aquellos de los que tanto han hablado.

De este modo, Pochita no solamente salva la vida de Denji, sino que también le otorga la habilidad para transformarse en el titular Chainsaw Man, un hibrido mitad humano – mitad demonio con cabeza de motosierra que otros seres sobrenaturales parecen respetar y temer al mismo tiempo.

Pese a lo fascinante que resulta la trama de Chainsaw Man descrita en papel, lo cierto es que resulta un poco complicado adentrarse en el manga y dejarse absorber por su caótica energía. Ese Denji cariñoso que conocemos junto a Pochita no es más que una de las facetas más vulnerables del personaje. En realidad, Denji es un adolescente un tanto vulgar e inepto que ha carecido de educación formal y ha crecido completamente aislado del resto de la sociedad, interactuando solamente con su padre y los yakuza a los que debe cantidades cada vez más absurdas. Son precisamente estas las razones por las que el protagonista de esta historia encuentra placer en las cosas más sencillas de la vida: desde comer un pan con mermelada hasta tocar las tetas de una mujer por primera vez, todas esas cosas tan comunes que parecían tan fuera de su alcance por la miseria que le rodeaba…

Con esta descripción de su protagonista, se puede asumir que la frecuencia de fanservice (contenido sexual no justificado, incluyendo escenas con desnudos parciales o totales) es bastante común. Debido a que una de las mayores motivaciones de Denji para realizar su trabajo es la promesa de ser recompensado con contacto físico por parte de una mujer, algunas lectoras podrían llegar a sentirse incómodas ante la aparente cosificación del cuerpo femenino y la ligereza con la que ciertas situaciones sexuales comunes se convierten en chistes para aliviar la creciente tensión de la historia.

Afortunadamente, este tipo de humor no es el único que existe dentro de Chainsaw Man. En realidad, la serie cuenta con un humor tan oscuro como la complejidad y seriedad de la trama, que conforme avanza se vuelve cada vez más asfixiante, con pequeños momentos tranquilos que engañan al lector con su aparente tranquilidad. Disfrazado como una obra de risas fáciles y sanguinarias peleas contra esos demonios que amenazan el equilibrio social, el manga es mucho más que eso. Dentro de la historia, Fujimoto no solamente hace una crítica social directa al capitalismo y su influencia en el incremento de nuestros temores como sociedad, sino que también explora la condición humana a través de las familias encontradas, la superficialidad de las relaciones románticas y el cuestionamiento sobre el verdadero propósito de una vida: ¿realmente estamos todos destinados a alcanzar la grandeza?

Fujimoto se apoya de una serie de personajes secundarios que le permiten abordar eficientemente cada una de estas temáticas y reflejar la intricada sociedad en Chainsaw Man. Una vez que Denji se convierte en el personaje titular, es rápidamente reclutado como miembro de la División de Seguridad Pública, poniéndose en contacto con las personas que tendrán la mayor influencia en su vida a partir de ese momento. La primera de ellas es Makima, una joven mujer con un alto cargo dentro del organismo y una belleza que solamente puede ser equiparada con su naturaleza calculadora y fascinación con el hombre motosierra. Sin ni siquiera esforzarse, seduce a Denji para que cumpla su voluntad bajo falsas promesas de amor. Entre los cuestionables logros de Makima – además de todo el trabajo sucio que Denji hace por ella – se encuentra en reunir bajo el mismo techo a Aki Hayakawa, un apuesto hombre completamente consumido por su trabajo y deseo de venganza en contra del demonio que le arrebató a su familia cuando no era más que un niño; Power, la fiend (un cadáver humano poseído por el espíritu de un demonio) de la sangre, una chica caracterizada por su extravagante y ruidosa personalidad, y a nuestro protagonista. Pese a su resistencia inicial, este trío de almas solitarias llega a convertirse en una familia y el pilar emocional de la historia. Es complicado concebir la evolución de cada uno de estos personajes sin el impacto que los otros han tenido en él.

Las diferencias entre el trío principal – apodado cariñosamente como la familia Hayakawa o triple H por el fandom – se convierten en el motor detrás de los resultados detrás de los numerosos enfrentamientos de la División de Seguridad Pública con los demonios – así como cazadores de demonios – que interfieren en su camino, iniciando con aquellos que parecen un leve peligro como ese enorme murciélago que chantajea a Power con asesinar a su gato, el ser vivo más importante para ella, si no le lleva los sacrificios humanos de los que tiene antojo hasta una terrorífica secuencia que tiene lugar en el mismo infierno. Este instante es uno de los puntos cumbres dentro de la trama por la espeluznante demostración de poder de los habitantes del averno, la aterradora estética predominante, y la claridad del dibujo. Cada panel bien podría formar parte de la colección privada de un aficionado al arte.

Sin embargo, hay una escena del clímax con un peso emocional enorme que vale la pena mencionar por su brillante ejecución, en las que dominan una sobriedad y belleza pocas veces vista en un manga shonen. Se trata del tan esperado enfrentamiento con el fiend de las armas de fuego, una batalla tan brutal y perturbadora que Fujimoto decide mostrarla de manera paralela con una tierna escena infantil: una pelea con bolas de nieve. Sin dar muchos más spoilers de la secuencia, es uno de esos momentos que obligan al lector a pausar por un instante debido a que desencadena una serie de eventos que ocurren tan rápido que apenas se tiene el tiempo para procesarlos por completo y darse cuenta de que la primera parte de Chainsaw Man ha llegado a su fin.

Conformada por solamente 97 capítulos de entre 20 y 25 páginas cada uno, una situación completamente inusual para un manga exitoso bajo el formato semanal, Chainsaw Man terminó su primera parte en diciembre del año pasado con una conclusión que cierra satisfactoriamente la mayor parte de los arcos de los personajes presentados, a la par que deja algunos espacios para retomar la historia con agilidad. En una entrevista reciente, Fujimoto expresó su deseo para que la segunda parte de Chainsaw Man sea vista por los lectores como una nueva aventura completamente ajena a los sucesos pasados. Considerando que ahora será publicado de manera mensual, permitiendo capítulos de hasta 45 páginas, en una publicación digital, podría esperarse que la continuación de la historia tenga un incremento de brutalidad en sus escenas violentas, una crítica social más dura, temáticas cada vez más oscuras y mayor contenido sexual enmarcados por un arte mucho más detallado del que el autor mostró en la primera parte.

 

Sin embargo, aún no se ha anunciado una fecha de publicación para el primer capítulo de este nuevo arco. Por lo pronto, la hilarantemente oscura y emocionalmente devastadora historia de Chainsaw Man se encuentra disponible para leerse de principio a fin para todos aquellos lectores curiosos por salir de sus zonas de confort, tanto por el género como por el formato de la historieta. Es una lectura tan ágil como los eventos que se desarrollan en ella que una vez que te engancha, es difícil dejarla de lado. En México, Editorial Panini está publicando los tomos del manga de manera mensual y también puede leerse en medios alternativos.

De igual manera, se espera que MAPPA – estudio conocido por producir los exitosos animes Attack on Titan The Final Season y Jujutsu Kaisen durante la temporada pasada – estrene el primer video promocional del anime de Chainsaw Man el 27 de junio, dando a conocer así la fecha de su estreno en Japón. Si se toma en cuenta las expectativas que ha generado que MAPPA lleve el proyecto, es muy probable que en poco tiempo la comunidad otaku no deje de aclamar ¡CHAINSAW MAN! ¡CHAINSAW MAN! ¡CHAINSAW MAN!

 

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