Si eres de los que piensan que es tiempo de que el director mexicano Guillermo del Toro se una a sus compatriotas Alfonso Cuarón (Gravedad) y Alejandro González Iñarritú (Birdman, El Renacido) en el círculo de ganadores del Óscar, La Forma del Agua (The Shape of Water) bien podría ser su oportunidad para lograrlo.

Los miembros de la Academia, por lo general no voltean a ver el género de horror y fantasía que tan bien desarrolla Del Toro (El Laberinto del Fauno, El Espinazo del Diablo o Hellboy). Pero no esta vez. Su última película es un romance de la Guerra Fría entre una sirvienta muda (Sally Hawkins) y una criatura anfibia, interpretada por Doug Jones, que es utilizada para experimentos científicos secretos.

La forma del Agua no encaja en ninguna de las típicas descripciones de Hollywood; es algo lleno de belleza y terror que puede ser definido (y desechado) como “una chica solitaria que se enamora de la criatura de la Laguna Negra,”… lo cual no sería equivocado, pero hay mucho más de por medio. Del Toro realiza milagros visuales en una película llena de alegría, amenaza y una empatía extravagantemente generosa que trasciende el lenguaje.

SPOILERS

Hawkins logra una emocionante interpretación como Elisa, una huérfana que sufrió de maltrato infantil (sus cuerdas vocales fueron cortadas) y ahora se gana la vida limpiando una instalación gubernamental subterránea en Baltimore, alrededor de 1962. Richard Jenkins es sensacional (¿Cuándo no?) cómo su vecino Giles, un ilustrador gay que vive con sus gatos en un departamento ubicado sobre un cine que lucha por mantenerse operando.

Curiosamente, en ese cine se exhibe una doble función de la cinta bíblica La Tierra de los Faraones (Land of the Pharaohs) y un musical de Pat Boone titulado Mardi Gras. Estas referencias de ser enterrado vivo y el poder curativo de la música, resuenan en el guión escrito por Del Toro y Vanessa Taylor (Divergente). Esta es una película impregnada con amor cinematográfico, y ni Elisa ni Giles tienen suerte en la vida real. Hasta ahora.

Aquí es cuando conocemos a la criatura, nombrada sólo como “El Activo” por la misteriosa agencia de gobierno que lo capturó en el Amazonas, dónde se decía que era un dios.

Ahora este prisionero inhumano sufre las descargas eléctricas proporcionadas por un agente llamado Strickland (Michael Shannon) que ve al “activo” como una aberración monstruosa contra Dios. Los experimentos que realiza el ejercito de Estados Unidos busca obtener una ventaja significativa sobre los rusos en la Guerra Fría. Sólo un científico (Michael Stuhlbarg) muestra un poco de compasión, aunque para ser justos tiene sus propios motivos.

Elisa, sin embargo, no cree en las falsas excusas políticas y religiosas para justificar esta tortura y durante sus rondas nocturnas decide liberar a este ser de su confinamiento en un tanque de agua ayudada por su compañera Zelda (Octavia Spencer). Si sientes que hay elementos de La Bella y la Bestia o King Kong, tienes razón.

Es aquí cuando La Forma del Agua se aleja de cualquier estereotipo familiar y se transforma en la historia de amor digna de suspirar que el director quiere que sea.

“Cuando me mira, no sabe que estoy incompleta” dice Elisa. “Me ve como soy.”

Del Toro transmite que él (El Activo) también ama a la criatura que tiene enfrente. ¿Y por qué no? Aunque Jones es tan incapaz como Hawkins de articular sus emociones por la naturaleza de sus personajes se percibe una indeleble sensación de anhelo. Un contorsionista interpretó a Abe Sapien en la franquicia de Hellboy dirigida por Del Toro, ese mismo actor (Doug Jones) se ha superado en este papel similar, haciéndonos creer que está atraído a esta princesa sin palabras. El resultado de su interacción es un dueto de actuación que acechará tus sueños y te romperá el corazón.

Guillermo del Toro y su equipo merecen todo el crédito, especialmente el director de fotografía Dan Laustsen, el diseñador de producción Paul D. Austerberry y el compositor Alexandre Desplat.

Muchos cineastas podrían intentar trabajar con este material y fallar en alcanzar la creatividad de La Forma del Agua y esto se debe a la fuerza, pasión y compromiso de su creador.

Incluso cuando la película se sumerge en el tormento y la tragedia, la relación principal entre estos dos improbables amantes nos mantiene interesados. Del Toro es un artista de clase mundial. No tiene sentido tratar de analizar cómo lo hace. Simplemente sumérgete en la experiencia. Hay magia en esto.

Avance de La Forma del Agua

He de confesar que desde que vi este avance, estoy totalmente convencido de que Del Toro debería realizar la película del videojuego Bioshock, la estética es tan similar que sería un gran éxito.