Tenía tantas expectativas para la adaptación norteamericana del anime de Ghost in The Shell, a pesar de que se anunció hace dos años que la actriz Scarlett Johansson interpretaría el papel principal de la comandante cyborg mejor conocida como “The Mayor”.

La historia de Ghost in the Shell se ubica en un futuro no muy lejano en el que los humanos esta mejorándose a si mismos con cibernética y la linea que divide a los hombres de las maquinas es cada vez más borrosa.

La protagonista es una mujer en un cuerpo sintético y una mente humana, la primera de su tipo. La Mayor trabaja para la Sección 9, una división anti-terrorista del gobierno. Cuando un nuevo criminal surge, la Mayor y su equipo deben detenerlo al tiempo que ella comienza a cuestionarse quien es realmente y porqué existe en primer lugar.

Cuando una buena película no es lo suficientemente buena

Parece ser que los escritores (Jamie Moss, William Wheeler y Ehren Kruger) se tomaron demasiadas libertades con el material original y sólo utilizaron los aspectos más reconocibles del anime para sazonar su propia versión original. Uno realmente disfruta de ver esas escenas clásicas con actores y efectos reales, pero cuando el hype se acaba uno termina, la nueva historia no es lo suficiente creativa para interesarnos. La historia de origen de La Mayor que fue creada para esta versión es dónde todo comienza a sentirse un poco plano. El problema es que hemos visto este tipo de historia un millón de veces. El anime original de 1995 fue clave para la industrial, al punto de inspirar películas como The Matrix y a cineastas como Steven Spielberg y James Cameron.

La trama no es horrible, funciona para lo que los escritores querían, sólo es una pena que la principal motivación de esta película sea tan simple. Claramente esta película no fue hecha para los fans del anime, y eso está bien, pero aún como un público casual deberíamos poder disfrutar la sombra de algo que fue trascendental en los 90´s. Y en ese aspecto apenas cumple.

Sin embargo una cosa es cierta, Ghost in the Shell es absolutamente espectacular en el aspecto visual. No estoy familiarizado con el trabajo previo de Rupert Sanders (Me niego a ver Blanca Nieves y el Cazador) pero verdaderamente me impresionó con su trabajo. Las gráficas por computadora, en este mundo al estilo de Blade Runner, están muy bien logradas, lo que evita que nos distraigamos con neon y hologramas que se ven falsos. Al llegar los créditos, realmente espero que esta cinta logre lo necesario para obtener una secuela. A pesar de todo, ¿Quien no ama una buena película de ciencia ficción?

Ghost in the Shell, es hasta la fecha, la mejor adaptación norteamericana de un anime. Lo que por desgracia no es decir mucho, teniendo como referencia a Dragon Ball Evolution.

La polémica de Ghost in the Shell

“Aparentemente, en Hollywood, los japoneses ya no pueden interpretar a japoneses” dijo el presidente de MANAA, Robert Chan, sobre la selección de Johannson y Michael Pitt para personajes claramente asiáticos. Existe una tendencia en el mercado norteamericano de reemplazar personajes concebidos originalmente de raza asiática por actores norteamericanos. La razón siempre es la misma: Dinero.

Es innegable, un actor famoso es un factor de peso para que una película sea un éxito de taquilla o simplemente una película de culto (y pobre). Sucedió lo mismo con Dr. Strange de Marvel y el personaje de “The Ancient One” que terminó siendo interpretado por Tilda Swinton. Pero la diferencia es que Marvel no intentó justificar este cambio, Ghost in the Shell, si; y eso lo hace todavía peor. No había necesidad.

 SPOILERS 

Nada nos preparó para la sorpresa del tercer acto de Ghost in The Shell: La Mayor siempre fue japonesa. Su cerebro, como la película revela, fue transplantando a un cuerpo con la apariencia de Scarlett Johansson. Esto es tan irónico que resulta risible. Así es como todo sucede:

Al principio de la película nos dan un vistazo al procedimiento que sufrió la Mayor y nos explican que su cuerpo falleció en un accidente, sin embargo pudieron rescatar su cerebro y transplantarlo en el “cascarón” de un cyborg completamente sintético. En su vida previa, ella fue una mujer llamada Mira Killian. Cuando finalmente conoce al misterioso hacker Kuze (Michael Pitt), la audiencia descubre que Hanka Robotics, la corporación que encargó su creación, ha estado suprimiendo sus recuerdos de su verdadera identidad. Eventualmente llega conoce a una anciana mujer japonesa (Kaori Momoi) que en su soledad se dedica a recordar a su hija, que se llamaba Motoko Kusanagi. La mujer le cuenta a la Mayor de como Motoko era una activista en contra del uso que el gobierno le daba a la tecnología y fue arrestada y asesinada hace un año, casi al mismo tiempo que La Mayor fue creada. (Motoko Kusanagi, es el nombre de la Mayor en el manga y en la versión animada de 1995.)

Este concepto era fascinante y planteaba de entrada una serie de conflictos psicológicos que hubiera sido interesante ver. Imaginen una historia que explora como mentes asiáticas son implantas en cuerpos de caucásicos y sus repercusiones. Ese es sólo un ángulo que se me ocurrió al ver esta justificación. Pero no, los escritores le restan importancia y avanzan a lo que sigue sin mayor problema.

Sin importar si eres un asistente casual al cine o un fanático de corazón, es aquí cuando notarás las oportunidades perdidas de Ghost in the Shell, y se presentará ese sentimiento extraño que abruma tu mente de: “Es buena, pero pudo ser mejor.”

Avance subtitulado de Ghost in The Shell