Björk no solo se ha detenido en ser prolífica musicalmente, también ha experimentado el trabajo cinematográfico un par de ocasiones, siendo Dancer in the dark (2000) el culmen y final de su carrera como actriz. Película dirigida por uno de los directores más fecundos del cine contemporáneo de Europa: Lars Von Trier.

El filme es parte de la trilogía Corazón dorado, que incluye Breaking the waves (1996) y The idiots (1998), en las que la belleza radica en el ser inocente de las personas que el mundo elige atormentar, y que mantienen el sello del director danés: Dogme 95, una técnica cinematográfica con su propio manifiesto que consiste en la exclusión del uso excesivo de efectos especiales y le da prioridad a la actuación, argumento y tema de las películas.

“He visto lo que era y sé lo que seré”, así se convence Selma de que dejar de ver no es dejar de sentir. Dancer in the dark es un filme que necesita pocas explicaciones, ya que su esencia es principalmente emotiva, un impacto al torrente del corazón, “siento mi corazón latir”. Por eso, no existe mejor reseña sobre esta película sensibilísima que la recomendación de verla si es que no lo han hecho.

Ambientada en el año de 1964, Selma, una obrera de fábrica a punto de quedarse ciega debido a una enfermedad congénita, trabaja sin descanso y sin perder el ánimo para conseguir el dinero suficiente que le permitirá a su hijo, Gene, ser operado y librarse de la misma enfermedad que padece su madre. En medio de eso, Selma inventa musicales en los que repara sus conflictos externos.

A medida que pierde la vista, ella ocupa su audición para desenvolverse en su entorno, pero además, en conjunto con su propia capacidad creadora, transforma el sonido cotidiano en sendos escenarios musicales que le permiten mantenerse serena y sonriente a pesar de sus problemas.

A grandes rasgos, ese es el hilo principal de Dancer in the dark, una tragedia en la que la protagonista transita entre el amor de sus amigos y la traición de uno de ellos. Con una banda sonora por demás expectante, y acompañada de coreografías que contrastan en su color con la ambientación mate del resto del filme, se consigue una atmósfera que no invita a la fantasía, sino a la aceptación de una realidad irremediable a partir de la ensoñación.

“Sueño despierta”, afirma Selma reiteradamente, una consigna que ocupa las más de las veces para hacer frente a quienes cuestionan su ceguera, o su disposición de recibir el mínimo de ayuda posible, pues a pesar de todo, la protagonista prefiere valerse por sí misma.

La producción musical del filme fue compuesta en su totalidad por la misma Björk, quien como protagonista también nos embarga en sentimientos eclécticos, el estilo que la define como artista.

A pesar de que Björk decidió no volver a actuar después de Dancer in the dark, fue galardonada con la Palma de oro como mejor actriz, además de que I’ve seen it all fue nominada al Oscar por Mejor canción original y en general la película fue galardonada y nominada por múltiples premios dedicados al cine.

Björk estará presentándose en los siguientes días en nuestro país, y Dancer in the dark es apenas una parte de todo lo que hay que conocer sobre ella, una pieza excepcional de lo sensible. “…he visto el brillo de una pequeña chispa.”

Cortesía de la revista Chido BUAP 148

Escrito por Daniela Vázquez