La personalidad de Violeta Parra es en sí misma un núcleo creativo en su máxima expresión. Una mujer con una inteligencia y un grado de sensibilidad extraordinarias. Una artista capaz de hacer cosas nuevas, sorprendentes. Generadora de cambios profundos en su entorno y en su época. Una mujer cuya personalidad y obra es susceptible de ser analizada desde la historia, la música, las artes visuales, la poesía, la estética, la sociología o la plástica, suscitando por igual el interés de estudiosos del mundo académico, artistas y la sociedad de su tiempo y generaciones posteriores de manera transversal.

Un genio.

“¿Por qué estos personajes de lana, estos animales, estas flores, estos racimos, estos bordados, estas novedades tiernas y violentas conmueven tan certeramente nuestra sensibilidad? Sin duda porque Violeta Parra no hace de ellas elementos decorativos, nacidos de su pura imaginación, sino retratos de gentes que ella ama o no. Restitución de recuerdos de Chile sobre tela para glorificarlos y exorcizarlos. Se asiste al nacimiento de una obra, de un mundo donde violencia sorda y ternura fecundante se corresponden. “Sus obras sobrepasan los encantos fáciles y engañosos del exotismo o del folclore de pacotilla. Obras inocentes, primitivas. pero cargadas de experiencia ricas en técnica y trascendencia vital”, dijo Madeleine Brumagne, Tribune, Suiza, 1964

Quizá si no hubiera sido una mujer, en el contexto cultural concreto del Chile de comienzos del siglo XX, ese mismo carácter de genio sería el calificativo que se daría sin dudar a quien, medio siglo después, se enfrentó a esas mismas cuestiones aún no del todo resueltas (identitarias, de género, de clase social) en las que indagó intuitivamente y que legó para siempre al acervo cultural de Chile.

Tomando en cuenta que el pasado también es objeto de variaciones y reinterpretaciones desde el lugar que el presente le otorga, así el presente se va modificando y se resignifica, de acuerdo a lo que somos capaces de extrapolar de lo que entendemos por pasado. En esta dinámica tiempo-espacial, el futuro nos ofrece la necesidad de ser controlado o condicionado de forma predecible por el ser humano. En una sociedad como la chilena, el ideal de la identidad propia es algo que se trenza en empeños, discusiones y formas de hacer desde hace ya largas décadas.  Si la trascendencia de una obra reside en su capacidad para establecer un núcleo donde pasado y presente conviven de manera relacionada, esos son los elementos que transgredió, estableció y con los que trascendió Violeta Parra.

La Violeta Parra que desanda los caminos, pueblos y campos de su país, busca y encuentra, en un ejercicio de empatía y conciencia con sus semejantes, en una “vocación firme, indoblegable, de rastrear raíces musicales en un pasado que no se detenía en la canción del siglo XIX”, como señala Víctor Casaus en su prólogo a El libro mayor.

Así como Violeta Parra desteje las madejas de su lana, se teje la memoria de los hombres.

Y resulta particularmente interesante cómo su cancionero refleja la dinámica por la que transita la manera en la que hombres y mujeres se relacionan con la música, especialmente con la guitarra.

La artista Violeta Parra, genial como Van Gogh y como Kodály y Bártok, guardiana de la memoria.

Cortesía de la revista Chido BUAP #154
Escrito por Manuel García