Mauricio Castillo, Chinoy, oriundo del puerto de San Antonio, es un músico chileno que se destaca por la fuerza de su ejecución y la agudeza de su voz.

Chido Buap tuvo la oportunidad de conversar con el cantautor chileno en su reciente visita a Puebla.

Platícanos tu historia… ¿Dónde naciste, dónde creciste?

Chinoy: Si fuera el historiador de mi propia historia, sería una historia de ficción. Nací en San Antonio, un puerto pequeñito. Es un pueblo proletario de pescadores y obreros. Una ciudad que se erige sobre cerros, muchas poblaciones están sobre los cerros, así es que el uso de la caminata intercerrial fue parte de mi vida. Soy del atardecer incendiario. Con un mar muy bello, muy azul. Los colores de San Antonio son el naranjo, el plomo y el azul intenso, ahí nací, entremedio de esa mezcla.

¿Cómo te fuiste acercando al mundo de la música?

Chinoy: Llego por interferencia con el mundo real, con el mundo de las palabras, por un sonido pre social que se dio en la infancia, una especie de pensamiento alterno al real. Empecé a acercarme a la música a través de algunos cantos salidos en silencio. No se en qué edad de la infancia habrá sucedido, creo que 9entre los cinco y los ocho años, cuando canté y me di cuenta que tenía una voz melodiosa y que proyectó algo extraño de mi, era lo bello, bueno, yo creo que era lo bello.

¿Qué te inspira para componer?

Chinoy: Me inspira una especie de velocidad, una velocidad que tiene que ver con el motivo de estar acá. No importa con qué palabra se anuncie la llegada de otras palabras, pero efectivamente una palabra atrae a otra. Mi inspiración está ligada a la experiencia más cercana, a los ojos, la mirada más inocente ante la vida, la mirada honesta, la emoción pura. Hay que hacer uso de esa mirada que parece perdida pero que se retorna a alumbrar las cosas desde otro lugar, y tratar de renovar el formato de los dichos.

¿Cómo es el proceso creativo de Chinoy?.

Chinoy: Tiene que ver con una condensación de cosas, depende de cómo se porte uno. Nicanor Parra dice: “la poesía se ha portado bien, yo me he portado horriblemente mal, la poesía terminó conmigo”. Entonces tiene que ver con un proceso individual, una búsqueda, una lucha por conseguir ciertas cosas, cierta honestidad de uno mismo a través de sus sentimientos, cuáles son sus inclinaciones personales, meterse debajo de la mesa o estar sobre ella, buscar la soledad o trabajar entre los demás. Es muy subjetivo todo, uno mismo se siente reflejado o encaminado a través de la propia conciencia. Poder llevar la vida hacia mejor termino y a veces uno encuentra la salida a través de una canción, a través de un poema, a través de una pintura y coincidir con el relato mismo de la vida, casi como entrar en la conciencia mundial. Sabemos que hablamos, que tenemos necesidades, pero sabemos que hay algo más y eso pareciera ser invisible, algo más que cosa, significa que solamente se da en una situación particular y eso es como una mosca y esa mosca llamada canción uno tiene que comérsela y ponerla en un grito, en una voz y poder decírsela a los demás y compartirla, esa ha sido mi jugarreta.

Has incursionado también en el arte de la pintura… ¿Podrías platicarnos un poco de la importancia de la pintura en la creación de Chinoy?

Chinoy: Me gusta pintar, me gusta ver cómo va apareciendo algo en la tela en blanco, la sensación de poder expresarse es como una especie de baile y poder. Yo pinto en el suelo, gateo, llego al punto que me desenvuelvo como si tuviera cuatro u ocho meses de vida. No me gusta la pintura vertical, me gusta pintar en el suelo, me gusta ver caer los colores. Me gusta jugar, ver qué puedo hacer, inventar técnicas, atreverme, romper mi propia ignorancia acerca de las cosas, descubrir algo como por primera vez. Yo creo que eso es lo que me da la sensación de pintar, poder agarrar un solo color y poder hacer una cosa extraña. Entonces me llama una vocación a buscar algo, a poder reconocer ciertos fenómenos que si no fueran a través de la pintura no podría alcanzar. Fenómenos como de la gravedad, ver como una mancha cae y ver cómo esto se mezcla a la propia práctica del estar haciendo, cómo se fusiona se transforma en algo bello. Para mi es una de mis experiencias mayores, poder hacer lo que yo quiera hasta que me olvido, poder quedar sin palabra y sin idioma y quedarme mirando el cuadro después de comerme un plato de cereales con mate e irme tranquilo a la casa, con una ciudad que pareciera que soñara, y acostarme contento de haberme expresado con todo mi ser.

¿Cómo ves a tu país Chile, es un lugar cálido o sombrío?.

Chinoy: Eso depende. Depende el discurso de la sobremesa que se tenga, porque es un lugar muy bello en cuanto a paisaje y relación con lo sutil, desde mi mundo sencillo. Hay una simpleza en el chileno, hay una especie de resistencia a la urbanidad. Yo pienso que, como en todos lados, sin distinción de países ni nada, hay gente que se compra un lujo innecesario. Pero también están los otros, los que andan con un pie atrás mirando a un país utópico, lleno de sencillez, de nobleza, de caos también, de libertad, de presión, de vitalidad, porque es un país muy vital, en algunos casos es enérgico. Y también Chile es un país que es muy vulgar, pero ha transformado esa vulgaridad, se ha ido disolviendo en la catarsis necesaria de un pueblo oprimido por tipos que usan la siutiquería y el robo, la esclavitud todavía como de los faraones, con otros como ellos, llevando el asunto a las clases sociales, y perdiendo la decencia, la conciencia y la humanidad. Pero en lo más alto están los que hacen reír al otro, los que se levantan día a día a buscar algo bello y que contienen en sí anhelos de un día bueno y un mundo mejor.

¿Qué te ha gustado de México?

Chinoy: Me ha gustado encontrarme con algunos amigos, poetas. La ciudad es muy latina, es como si no hubiera salido de casa, me siento muy en casa.

Es increíble porque unos se pone a mirar los árboles desde una habitación y no piensa que está en un país, en ninguna parte, siguen ahí tus inclinaciones personales, siguen ahí las lecturas, la adivinación de qué me deparará este día, cómo soy, quién soy en este día tan extraño.

Cortesía de la revista Chido BUAP 147

Por: Alfredo Duarte