Aclamados. Amados por el público. Se codearon en el escenario con Bowie, Springsteen o David Byrne. Venidos de una disquera marginal (Merge Records) de un país que no es precisamente el hogar del rock (Canadá), en poco más de una década, Arcade Fire fue lentamente emergiendo, creciendo, asombrando y encariñando, hasta volverse lo que son hoy: una de las bandas más importantes del planeta entero.

Son la encarnación del sueño indie. Firmar con una disquera casi desconocida, sin éxitos en el Billboard. Hacer estallar a la crítica y a millones con una ovación por su primer disco (Funeral, 2004); abrir después los conciertos de U2 para que luego el mismísimo David Bowie se vuelva tu seguidor y actúe en tus presentaciones. Mezclar tantos instrumentos que prácticamente te convierten en una pequeña sinfónica. Acelerar hasta el éxtasis a tus fans, porque Arcade Fire está “hecho para tocar en vivo”. Crear un sólido estilo propio, que en cada disco intenta no repetirse entregando himnos generacionales. Todo eso es Arcade Fire, banda que se presentará en México el 29 y 30 de noviembre, en el Auditorio Nacional en Ciudad de México, y el 2 de diciembre en Guadalajara.

Después de cuatro álbumes, el mundo no entendía cómo lo habían logrado. Habían sobrevivido al colapso de los Strokes, impregnados de heroína. Subsistieron al proceso de edulcoración de los Yeah Yeah Yeah que habían sido la promesa garage punk. Perduraron después del auge de Franz Ferdinand que se volvió evanescente. Es decir, toda la escena Indie de aquel lejano 2004 dejó un legado y se llama Arcade Fire, la propuesta alternativa, independiente más robusta que durante 2017 presenta su quinto material.

Idolatrados por su álbum debut, fueron contemplados con cierta aburrición por su repetición en Neon Bible (2006). Pero regresaron con quizá la obra que los llevaría a su clímax: The Suburbs (2010). Ese sonido más eléctrico y característicamente indefinible de la primera década de siglo, entre melancólico y enérgico, entre rock y pop, entre la desubicación y la soledad. La lírica de Win Butler al igual que el timbre de su voz, con tonos desesperados y agudos, junto a la chirriante y estrambótica pero deliciosa y adorable Regine Chassagne, complementados con los multicoros de casi una bigband, definen a Arcade Fire. Su desesperanza de principio de siglo, que no cae en la fatalidad, sino en el desánimo y el frenesí, es su marca.

Después de Reflektor (2013) presentan Everything Now. Un salto arriesgado, una renovación que los puede hacer caer de la cuerda floja que han ido escalando, ganando la aceptación mundial. A pesar de algunos altibajos, esta banda, ha mantenido la fe de sus seguidores hasta el límite y el respeto absoluto de la crítica especializada por más de una década, en la era donde las bandas de largo aliento e iconos mundiales parecieran haber quedado en el pasado, viviendo de los recuerdos.

Un cada vez más masivo Arcade Fire presenta ahora, el material más abiertamente electropop de su carrera que llega quizá, hasta la autoparodia. En este nuevo disco, acentúa ese tono crítico y rebelde que lo caracteriza pero que siempre es apenas una insinuación contestataria. En el primer sencillo, del mismo nombre que el álbum, se despliega una agridulce canción, que pareciera una desolada crítica a la modernidad del mercado caracterizada por el consumo, el cual hecho estallar las redes sociales por ser uno de los regresos más esperados del año. Pero es quizá en Creature Comfort, donde su angustia bailable pareciera narrar la vida del millenial asfixiado en su pequeño drama individualista. Críticos de la sociedad, pero con los límites de haber naturalizado el sentir de una época fútil, donde los caminos alternativos parecen retórica vacía. La época del cinismo de la decadencia:

God, make me famous
If you can’t just make it painless
Just make it painless

Muy lejanos de los riffs de Wake Up y de aquel 2004 que los volviera famosos, Arcade Fire sigue aquí con ese tono melancólico, pero ahora casi bailable (en homenaje o parodia que recuerda a Abba y sus coros). Se ha arriesgado para salir de su zona de confort donde ya han sido vitoreados. Enorme atrevimiento para una banda de su talla, su transformación, que está dividiendo a la crítica después de la salida de Everything Now en junio pasado, llega ya a millones de reproducciones en Spotify, y Youtube. La moneda está en el aire. ¿Logrará Arcade Fire cruzar el abismo que ellos mismos decidieron saltar con esta evolución, o caerán al vacío? No sabemos si esta banda seguirá prendiendo fuego a los videojuegos, pero al parecer, la llama está muy lejos de apagarse.

Cortesía de la revista Chido BUAP #153
Escrito por: Pablo Reyes